
martes, 20 de agosto de 2019

La fantasía de la vida
en la vida que brilla a sus veintitrés años.
A Gaviota, mi hija.
Han pasado veintitrés años desde que te esperé.
La vida fue larga sin ti.
Te extrañaba.
Me gustaría sentarme a la orilla del mar,
tan azul como tus ojos turquesa.
Recostadas a una palmera hamacada por el viento,
el ascenso del oleaje hasta tocar el cielo,
al borde del vasto Caribe,
la lozanía de las flores en el sol de la mañana,
las nubes de alegría infinita.
Un reencuentro de nuestras vidas
y de todos los momentos que no pudimos compartir.
Un día que no terminaría,
el hilo del destino entretejido alrededor
de la uvita de playa, refrescando tu risa.
Si pudieras esperarme frente al mar,
te ofrecería pinceles, colores y un lienzo
para que traces amplias pinceladas
de un hálito dorado-azul sobre el cielo sereno,
y copos de espuma blanca sobre el amargor marino.
Si pudieras esperarme frente al mar…

