
Después del
fin
En mi mundo,
los grandes sueños se plasman entre el pincel y un lienzo.
Esperaba a que me
abrieran, ante una mansión sin puertas y ventanas. Nunca supe qué encontraría tras
aquellas paredes, desde mi mundo, donde los pequeños y grandes sueños, raras
veces se hacen realidad, por lo que había vivido bajo una angustia semejante al
de una niña solitaria que se siente abandonada.
Ante aquella mansión,
aquel barrio de ricos, aquella la playa y la mar que estallaba en bellas
espumas y aquellos días equívocos en los que incluso podía percibir ir al
encuentro de una gran fortuna que no dejaba de fruncir el ceño con rencor, antes del fin, entré a ese mundo llena de esperanzas al amor, la felicidad y a las delicias del poder
económico, político y social, conservando la insensata ilusión de ver realizado mis sueños, hasta que el destino me
atrapó violentamente mostrándome que nada era mío, sino que todo era de ellos.
Más sin embargo, me
considero un alma mística, pero a la vez llena de contradicciones, con momentos en los que soy
propensa a creer en actos demencialmente
milagrosos, y épocas en las que vuelvo a caer en el abismo de la tristeza y la
depresión. Quizá porque uno espera mucho de Dios, de la vida esos deslumbrantes
regalos, de los demás la mejor versión de uno mismo y a menudo somos traicionado; sobre todo en momentos en que
la vida nos va despojando de aquellos que han sido para nosotros, una pausa de
amor entre los ires y venires de las cosas vanas. Nos hemos iluminado y nos hemos apagado.
Hay almas a las que uno
se asoma. Son como pequeñas ventanas llenas de luz. ¿Sabes con lo que soñaba anoche? De un sueño se puede decir cualquier cosa menos que sea novelería. Volví a ver a aquella mujer; mi suegra. No era un tiempo de
la vida. Era recordar el olvido. Vestida de blanco, no tenía rostro, cuerpo,
era casi olvidar lo que no se olvidó en el largo olvido. La miré a los ojos y me ofreció aquella mirada fría y herida,
quebrada y profunda, ¡Uf! ¡Profunda hasta el dolor! que me persigue hasta hoy.
Le sonreí y la saludé respetuosamente. Es lo que todos hacemos con nuestra
doble vida. Todos tememos a esos sueños más de lo que tememos a cualquier cosa
en el mundo; más que la calamidad, incluso más que la muerte.
En sueños, sus palabras
fueron el misterio de su tristeza oculta y fueron una llave con la que abrió la pequeña puerta escondida de un
mundo infinito y a salvo de esta tierra, que me tiraba del alma vacía. Habló palabras secretas, mientras señalaba un patio interior que era su patio mudado y que ya
no existía, una habitación ocupaba su viejo jardín; se veía alzarse un hombre de espaldas y sin camisa, con el hedor exquisito de la muerte; fuego y cacerola hirviente; taludes de rosas bajo su fortuna:
“Nada
es igual. Mi vida gastada. Mi casa. Ese hombre ¿quién es? y esa mujer vestida de cháchara y rosas..." _murmuraba. "Éramos tan
parecidos mi hijo y yo. No podíamos engañarnos, lo cual hizo imposible el diálogo.
Se perdieron infinidad de cosas que no podría contarlas y esas perdiciones, hoy, son
la miseria que dejo." _Me miró por el espejo. Le devolví la mirada desde la esquina rota del espejo: "No, finalmente no te conocieron las almas conocidas.
Sí la mía. El íntimo santuario de tu alma ¡es el mundo entero!. Espero que cuando me vaya comprendas."
No
dije palabra alguna, tan solo era un cuerpo interrogante, sabía que a una pregunta, la
respuesta no existiría. Aunque me fue terrible comprenderla, en ese instante, mi alma la
conoció. Desde el silencio, hice todo lo posible para consolarla y que volviera
en paz, mientras se perdía entre palabras y espejos, envuelta en ese aire que huele a estrellas y al frío de los espacios celestes. No me resultó muy difícil:
a ella tampoco le gustaba quedarse en este mundo.
La
vida se dibuja como un boceto, y no nos ha sido dado ver el diseño final. Nada
permanece en este fragmento de tiempo. ¿Qué son, entonces, los deseos
mundanos ante tanta miseria?
"¿Debo
ser un ángel?, no tengo miedo de las profundidades del más allá y sí mucho de
este mundo superficial."
¿Me espera?, tal vez...
¿Me espera?, tal vez...