sábado, 27 de agosto de 2016



¿Estoy abatida o quebrada? 

¡Qué importa! si el cincel me talla todavía.

¿Podrán los creadores de belleza despedazar las formas antiguas  e inacabadas para crear un ser entero, libre; una nueva vida que se estremezca y pueda alcanzar esa lejana estrella? 

Mírala, está siempre en lo más alto del cielo mi estrella. Jamás se oculta. Está tan alta que no la reflejan solamente las aguas del Caribe; la reflejan los más lejanos mares y los más profundos océanos irradian su luz. Mi estrella está dentro de mi corazón, está cercana en la aurora dorada, y remota en el oleaje de la mar.

Ni un golpe ni cien golpes del cincel cortante podrán añadir algo a esta perfección del dolor sagrado y de la ilusión. Es la imagen de la desconocida, de la olvidada, de la desterrada, de la clausurada que vive muriendo y resucitando. 

domingo, 21 de agosto de 2016

sábado, 20 de agosto de 2016




20 de agosto
Hoy se alegra mi corazón más que nunca. Lo que fue expresado, lo que fue pedido en los años de oprobio, es hoy disfrutado en el ímpetu de la victoria. Ya no son pueriles ilusiones, sino una realidad viva sobre los hechos, sobre la espera, sobre los restos de tristeza. Ella, mi hija Gaviota, una vez más, nos ofrece la alegría de poder encender una vela de su cumpleaños, al lado nuestro.


¡Y nosotros la agasajamos en un abrazo de eterno amor! 

viernes, 19 de agosto de 2016





No deseo que nadie de este mundo me sostenga, quiero de nuevo encontrar mis pasos perdidos sobre el sendero de caracolas marinas: como las corrientes de agua, como los deslizamientos de tierra.





Cadencia y memoria en otro lugar 

Es medianoche en la playa feliz de un verano nocturnoLa luna nos hace señas.Y como en un hechizo estrellado, reflejos innumerables llegan hasta la estela de la mar Caribe. Allí se quiebran.

Ni una luz, ni un ruido, ni un ser humano. Solo un alma: la desterrada que sabe que no irá de esta patria dolorosa a la Ciudad Vieja, a la ciudad ceñida de torrecillas y cúpulas, poblada de cipreses y olivos. Único lugar del mundo donde permanece encendida la luz. Desterrada, no volverás de la noche fugaz, aún, henchida de Di-s, bruñida por la perseverancia del rezo. 

Diviso la mar, el velamen, las palmeras, el faro, un montón de casuchas escondidas al otro lado de las playetas. Mis ídolos náuticos, el de mi origen natal que me hospeda y el de mi destino en la tierra de nuestro penar común. El viento trae las viejas canciones de los pescadores, de los marineros...

Han pasado veinte minutos de medianoche.

Un sentimiento armonioso, tímidamente me sobrevuela y siento todo mi ser en paz y esta misteriosa felicidad. En esta suave playa de arena blanca, guardo para ti un presente marino, un gesto sin ningún valor de alguien que ha llorado todas sus lágrimas. ¿Es de piedras preciosas? es más que de piedras preciosas. ¿Es de oro? Es más que de oro. Alguien dijo: "La pobreza hace siempre los más ricos presentes." Son dos luces encendidas, serenas y apacibles, del otro lado del Océano. Fundidas en una sola alma silenciosa, erguidas frente a un futuro más grande que el pasado, ebrias de belleza e infortunio, cantaron sus cantos antes del alba. En el día del descanso, rompieron la oscuridad del tenebroso mundo. 



Clair de Lune

domingo, 14 de agosto de 2016



Domingo
Hundida en el ensueño, respirando hacia el frío día, escuchaba al otro lado de la ventana, en el jardín, una voz extranjera cantar:

“¡Nadie duerma! ¡Nadie duerma!
Ni siquiera tú. Oh, princesa…
En tu fría habitación…
Mira las estrellas que tiemblan
de amor y de esperanza
Más, mi misterio está encerrado
mi nombre nadie lo sabrá…
¡No! ¡No!
Sobre tu boca lo diré temblando
Cuando la luz resplandezca
Y mi beso romperá el silencio
Que te hace mía…
Y nosotros, ay, debemos por desgracia
¡morir! ¡morir!
¡Disípate, oh noche!
¡Tramontad estrellas! ¡Tramontad estrellas!
¡Al alba venceré! ¡Venceré! ¡Venceré!” ♫ ♪... / https://www.youtube.com/watch?v=27pnQNzUlz8

 En el aire hay como un encantamiento, que se agita en los cristales de la ventana y me deja taciturna e inmóvil, como encerrada en un círculo mágico, echada entre nubes de perfumes, de plumas y de almohadones. Me parece haberlo escuchado en alguna parte. Me parece recordarle. No sé dónde, no sé dónde lo he escuchado. La curiosidad me acosa, levanto la cabeza, por fin, y dentro del alboroto matutino del canto, palpita también algún trozo de canción…

“La mujer es voluble
como pluma en el viento,
Cambia de palabra y de pensamiento.
Un rostro bello y agradable
ría o llore, es siempre engañoso.
Siempre es desdichado quien se fía de ella
y le entrega, incauto, su corazón.
Pero nadie se siente feliz del todo,
si de su seno no bebe el amor…”♫ ♪... / https://www.youtube.com/watch?v=FkRwXLQEne0

Las vecinas se asoman a las ventanas, otros van y vienen, vuelven a entrar, espían a través de las rejas, salen a la calle. Hay una gran alboroto, entre las rejas y los arbustos. Algunas se agrupan en torno a él, y lo miran y quisieran tocarlo y besarle. Él, sentado en el borde del andén, con una sonrisa de niño, como la de la fresca infancia, ilumina de gozo a todas ellas que parecen recibir un dulce rocío. Y el jardín parece llenarse de un arrullo de palomas jubilosas.

_¡Quédate con nosotras! ¡No te vayas!_ Le ruegan, le suplican, le tienden las manos… le ofrecen monedas. De pronto, se oye un estrépito y fuertes gritos. Los porteros, la policía, acuden a amedrentarlo. Llegan como dementes, violentando al hombre vagabundo.

Vienen a capturar al hombre de la calle a quien creí reconocer en él… al famoso tenor, a la mayor leyenda del bel canto del siglo XX, allá en la Piazza Grande, cuando efectuaba la travesía de Módena…, Roma hasta la Sicilia. Es como si estuviera aquí entre el terror de los policías, impávido, dispuesto a la pelea. Todas lo rodean, insultan a los policías… éstos, apartan al gentío de mujeres, reprendiendo al vagabundo.

Mientras el señor de la calle, es apresado por las muñecas y se lo llevan a golpes de bolillos, todas desaparecen por los pórticos. El ultraje y la violencia disipan el color de la vida y todo canto de voz; él, ciego de dolor y de furia, es arrastrado y se lo llevan.

La calle queda desierta y silenciosa. Me acuesto, envuelta en un coro de ángeles que bajan del cielo taciturno, y se despiertan los anturios. 

Sobre los sucios muros blancos, se abren las ventanitas de la celda; y, sobreviviendo, entre sus patios, entre drogas, miseria y violencia, libertando al prisionero, resurge el canto incitador.


viernes, 12 de agosto de 2016



El Santo Monte
Ángeles custodios, déjenme pasar al Bello Lugar.


De pronto, un fuerte viento del desierto
asaltó contra la hermosa Jerusalén,
la anhelada por mi corazón solitario.
Las ondas de mar se agitaron
y se alzaron contra ella.

Ay! 

el quebranto, los lamentos
y el espanto, alcanzaron el cielo.
¿Profecía siniestra? 
¿Todavía no lo sabes?

A los rabinos los mataron...

Todos están pálidos. Todos están mudos.
Vertiendo su sangre a filo de hachas,
fueron rematados a golpes. Todos murieron.
¡Han herido el sol de tu esplendor! 
Mi pecho rebosa de dolor por ti.

¡Salva a tu pueblo! 

Que no se alegren quienes dicen: 

“asolada quedó Jerusalén”

Acabarán con la boca llena de arena.
Solo con Tu mirada, borras toda maldad:


¡No toquen a mis ungidos!

¡No maltraten a mis profetas!


En mis atardeceres de muerte
no encuentro paz ni reposo.
Mi dolor se ha vuelto mar que
susurra sobre tus pies.
Allí llevo mis lágrimas bordadas
de gala que se derriten sobre ti.


¿Cómo elevar mi alma para llegar a ti?


Recuerdo la noche de mis sueños,
cuando el Destino me llevó
ascendiendo en espiral por
la ladera de tus montes.

Vueltas y vueltas hasta que vi
tu rostro y el cielo dorado de esperanza.


Tan lejos de mí y tan cerca. 


Daría mi vida, 
por ese viento dorado que te acaricia,
por ese viento dorado que te visita.


¡Dios mío! 


No soy judía. ¿Comprendes este suplicio?
Mi padre ashkenaz, alma extraviada:

En aquel tiempo, llegó a su puerta 
una bella mujer
que venía de la mar Caribe 
con un cántaro de rocío.
La sed de toda su noche, 
quiso mi padre aplacar con un sorbo 
del alba. 
Sediento, allí encontró un manantial.
Más dulce que la miel.
Bálsamo, que no curaron sus heridas.  

Quisiera cobijarme en un rincón de ti.

¡Oh, dulce amada Jerusalén! ¡Déjame entrar y abrazarte! 

¿Comprendes este ansia de ahondarme en el Pueblo profundo?


Desde la fría montaña, 19 de noviembre de 2014 a las 17:35


Arte Silencioso

Otras letras son éstas,
enredadas en el delantal.

Antes de fregar.
Sentada en el silencio,
ensimismada y extenuada.

La otra parte se resiste.
Dura como el acero
tomo el delantal negro.

Ebria de 'corotos'
la pila se detiene
y comienzo a fregar:
Formas redondas,
formas cóncavas y curvas,
frías al tocarlas.

¿Lloras?

Cierro los ojos sin moverme.
Empiezo a sollozar.
Lágrimas que parecen llenar
todo el fregadero y,
las ampollas vacías de mis manos.

Llanto mesurado.
Como a golpes, abrasado y tenso.

Otro llanto es éste.
Llanto nacido del arte silencioso
de Limpiar, de Jabonar, de Fregar.

Sigue en vano,
la deseada aparición silenciosa.



jueves, 4 de agosto de 2016





Tengo sed
como en la noche febril
cuando el amor sin figura
ofreció a mis labios
el refrigerio sin destino


––––•(-•( εїз )•-)•–––– 


El beso
que sobre tu rostro es hálito
viene de lejos:
de una islita caribeña donde
"El Universo femenino de Gabo"
alza el vuelo
en cientos de mariposas amarillas


––––•(-><((((º><º))))>•-)•–––– 


Pareces desnudarme poco a poco
estampando en mi palidez
la sombra y el fuego de tu boca


––––•(-•( (♥) )•-)•–––– 


Mira.
El beso
que se arquea
y no se lanza


 ––––•(◕ ‿‿ ◕)•–––– 


Mira.
La mirada
que te extraña
entre las pestañas


 ––––•(✾◕ ‿ ◕✾)•–––– 


Mira.
La risa
que te estalla
hasta el corazón


––––•({{{(♥‿♥)}}})•–––– 


Mira.
Si lo abres
y me derribas en ti
¡Ay de mí!


Recuerdo grácil del pasado, 30 de noviembre de 1994





Mundo “entrerejas” 

Yo fui tu voz. Yo soy tu voz.

Los veo cruzar la calle deprisa, frente a las rejas, y asomar ese deseo que corre —esa imaginación de constelaciones que supera la noche y forcejea con el alba, antes de ceder.

Y, sin saberlo, es su imaginación la que se posa sobre estas casas bien cimentadas, fuertes y nerviosas, iluminadas y esculpidas; hijas del saqueo, un don arrancado al cielo.

¿Crees que puedo huir?

Aunque huyese, la casa sabría retenerme, aferrarme, estrujarme entre sus brazos.
El destino me hizo su reina hasta el final de los días.

Antes de que me lo digas, lo sé: toda la casa no vale lo que el alma.

Tienes que defender tu alma verdadera, desnuda, como cuando emergiste de tus mares.

Y hay quienes gritan:
Tiene que defender su alma verdadera.

—¡Que busquen ese Salmo!

Pero dime:
¿acaso no has saqueado más que para darles?


No queda más que morir emparedados en la mentira estéril, esa que se refugia aquí, donde aún reposa—
su alma de oro,
de plata,
y de amor.




¿No es esta Lissa?
Una vocecita nos toca la cima del corazón.

Es medianoche. Ni una luz, ni un ruido, ni mis hermanos, sólo los ojos de las estrellas que me miran con una sonrisa. Saben dónde me oculto y me hacen señas. Tengo las rodillas lastimadas por las piedritas del jardín en donde estoy quieta y arrodillada. Tengo miedo en mi corazón. Mamá ha dejado la casa junto con el abuelo y papá duerme. Yo sé cuál de aquellos "raspa'os" le gusta a mamá, el de Kola Román con leche. A mí me gusta más el de tamarindo. Pero ella ahora está lejos. Había mucha sangre en el lavadero cuando se lavó el pie y también hay manchas de color rojo dibujadas en el muro blanco del comedor en donde estaba la vitrina de la abuela. A mí me gustaba mucho porque en ella había vasos, copas y jarras de cristal de todos los colores. Creo que ya será difícil volverlos a pegar como cuando mi hermano y yo armamos los rompecabezas. La abuela llora y con la escoba barre todos los pedacitos de vidrio. No sé para donde los llevó. No los volví a ver. La vitrina está rota y tirada en el piso. Fue papá cuando gritaba quien la lanzó. He sentido como cuando estallan esos "buscapiés" de las fiestas de noviembre, que tanto miedo me dan. Nadie piensa que todas esas voces, todos esos gritos, todo ese ruido y el...

¡Pum, pum... pum!,

me producen un miedo muy grande. Ahora que estoy aquí, veo la luna, la cara feliz que me sonríe en las noches. Tiene forma de un 'foco' gigante que alumbra el patio de matas y me deja ver hasta el zaguán y el portón. Mamá no vuelve... y estoy cansada. Si estuviera María... Ella me cuida, siempre está feliz y se peina con trencitas y pepitas de colores. Le gusta bailotear. Huele a comino y a mar. Su piel es brillante y oscura como la noche. Siempre se le ocurre cocinar cangrejos. Cuando estoy sentada en la ventana veo pasar la carreta llena de cangrejos y no los puedo contar porque siempre se mueven como un remolino de mar. Con un palo les golpean, no los deja escapar. María y el carretillero se ríen a carcajadas y los meten a la olla. No me gusta cuando les echa agua caliente. Los tritura en pedacitos muy pequeños y con ellos prepara el arroz con coco que tanto le gusta a la abuela y a mamá. Papá no come arroz, ni cangrejos. Cuando María se va por las tardes, con muchos apuros, le pregunto que por qué no me lleva a su casa y ella me responde que para ir a su choza, hay que atravesar el mar en un bote cargado de peces voladores y no hay lugar para mí. Ahora estoy de pie y puedo jugar con las estrellas. Hay muchas estrellas y guardo algunas en los bolsillos. ¿Qué sucede? Oigo a la gata rabiosa, se ha enredado entre las trinitarias.

¡Miau, miau... miau!

Salgo detrás de ella, pero no puedo alcanzarla. Corre de un lado a otro, le encanta hacer bromas. Volvemos y entramos al patio de las flores. Nos paramos junto al pozo de agua. Allí podemos escuchar mejor los ruidos de la casa. Escuchamos. Nada. No se escucha una llamada. Solo las estrellas que están alegres y se han movido de su lugar. se ríen de nosotros. Misia y yo nos acostamos con la cara mirando a las estrellas. La noche me arropa con su manta oscura para protegerme de los mosquitos. Misia se acurruca sobre mis piernas. No me puedo mover. Pero no duermo. Todo está oscuro, estamos sobre la tierra y saboreo los coralinos que son tan dulces. Por las noches papá tiene las manos y el corazón duro, también los ojos y la frente. Todo en él tiene olor a las heridas rojas que arden y a la hiel de las icoteas que María saca del caparazón con que nos asusta. Esas tienen muchos huevitos blandos que mamá y la abuela chupan diciendo que son sabrosos. Siempre voy con María y mamá al Mercado Público con canastos tan grandes donde vamos colocando el compuesto verde, los cocos que mamá compra donde el chalupero y luego nos vamos para la Carbonera por el carbón que María va colocando sobre los anafes. 

¡Snif, snif… ugh!

Todo huele muy mal, a los pies sudados del tío Buenaventura. Desde que subió al cielo, la abuela y mamá se visten de negro. No he podido encontrar la escalera que sube al cielo. Siempre me levantaba en sus brazos y me sonreía, después metía en mi bolsillo una moneda de 5 centavos, para los super-cocos. Lo puedo ver. ¡Allá está! ...esos son sus ojos que me sonríen desde el cielo. Todo el piso del mercado es de barro, hay mucha basura y hasta las personas tienen el color de María. Ahora mamá nos lleva por un laberinto secreto. Me produce alegría ver tantos colores. Siempre se detiene y se pone a rebuscar entre los estantes. Compra telas y peloticas de hilos. Hoy encontró muy escondido en el fondo del más alto de los estantes, una lámpara de gas. Dice que se la llevará a la abuela para que ilumine los santos del altar. Un día mis hermanos escondieron dentro de un cajoncito un ratón gris de ojos rosados y de patitas peladas. Sucedió que la abuela se puso a buscar en la máquina de coser las tijeras... Estoy muy cansada. Misia está ahí, sentada frente a mí, con una cara tan triste que se parece a las arrugas de la abuela. No sonríe. Sus ojos son como las bolitas de cristal que parecen gotas de agua. Siento mucha angustia. Pero qué raro está todo. Mamá no llega, ni el abuelo. Ahora se ha inclinado y da un salto al tejado.

¡Misia, misia... misia!

En un instante, todo quedó vaciado del mundo imaginario de la pequeña Lisa, de todas sus ficciones, de todos sus temores; en un segundo, la casa quedó vaciada de toda su sensibilidad, de todo el aliento que brotaba del rincón más oscuro, como el ratón en el cajoncito de la máquina de coser, frente al gato. Cómo, en una pesadilla, vimos a la pequeña Lisa encerrada entre rostros agotados, amargos, tristes que se superponían, se confundían, formando un solo rostro y un solo mal: Su Padre. 

El aire salobre de allá lejos, el que ocupa el espacio entre mi mesa y el océano. El aire de exilio, ruinas y dolor, respirado por los excesos del padre de Lisa, repentinamente, me envuelve, me pesa, me ahoga, como la emanación de un gas tóxico. Y como en una pesadilla, me siento encerrada entre los rostros agotados, tristes, que se superponen, se confunden, formando un solo rostro y un solo mal: Mi padre.

 Y, con lo mejor y lo peor de mí, sufrí en aquel instante y a través de los años, entre la culpa y la excusa, el amor y el rencor, la impotencia y la suficiencia, el miedo y el valor, la generosidad y el arrepentimiento. El gemido de un fantasma al que temí en el pasado, se ha añadido a las sombras de la oscuridad. Mi padre conoció el vicio, se abandonó al vicio, se dejó vencer por el vicio. Y he llegado incluso, a personificar los vicios en las alegorías religiosas. Tú debes haber sentido el tuyo también. No hay duda, aunque conozco el esfuerzo altivo para enfrentarle y también para huirle, conozco también la vacilación del alma, conozco los recursos infantiles: abro la ventana, miro la noche de estrellas, el jardín, escucho los pájaros, miro este caballete de pintura, la mesa de trabajo, las páginas escritas que temen la censura, las páginas no escritas que requieren la perfección. Incluso, en esta angustia del resistir, he descubierto nuevas áreas de mi vida. Y aunque agrande mi tragedia, aunque se apriete el cerco interior de resistencia, he llegado a descubrir la inmensidad del cuerpo y del espíritu en las artes plásticas del deseo y el amor. Crees estar perdido y recibes un infinito don, como un remedio que te adormece. Y así mi dolor, se aclara, es menos turbio. 


Has leído a alguien, que no temiendo a la oscuridad, cree poder echar fuera con estas letras las tinieblas y los fantasmas.