domingo, 31 de julio de 2016

¿Se siente el buen tiempo?

Es aquí donde vivo mi espiritualidad.
Es aquí donde mis pesadillas reviven.
Es aquí donde he llorado, luchado, esperado en vano.
Es aquí donde mis penas resurgen de la profundidad del mar.
Es aquí donde la furia de la ola acompaña mis pensamientos.

Me adormezco. Me da el sol en la cara. Distingo a través de la transparencia de mis párpados, a un hombre siniestro, mal afeitado, con fuertes hombros contra el cielo, ríe frente a mí, aguzando su mirada de rapiña, con ardor. A cada movimiento, se tantea, se examina, se palpa, se acaricia, casi se empuña escrutándose como si quisiera apaciguar a un animal salvaje impaciente por largarse. El miedo me invade. El alma está en tensión, como el oído. El nublado es tan denso que no logro descubrir quién es. Ni una luz, ni un ruido, ni un vestigio humano. No está encendida ninguna ventana. Se arrima más. Las órdenes las da con la voz, de extremo a extremo. Son las doce y cuarto de la madrugada. Mueve la cabeza con insistencia y se vuelve bruscamente, se escucha entonces la risa fuerte agitar los anchos hombros. Los segundos parecen eternos. Se escucha la fiera de su hocico que husmea contra el blanco alcanzado, sin cesar de descargar rabiosamente la caña en movimiento. Se escucha de nuevo el gran forcejeo, como cuando un cachalote viene a encallar, en un bajo: resopla, jadea y sacude. Soy de metal. La carga explosiva está sobre el cuerpo, alcanza el blanco en el punto secreto, rompe la red, pasa a través del desgarre y estalla. Calma y silencio. El hombre no está más. Han pasado muchos años de medianoche.

Siento que mis pies se enfrían. Se ha levantado un vientecillo de poniente. El cielo está desierto y pálido. La monotonía se prolonga. Abro los ojos. Tengo que obligar mi espíritu a esta realidad, para poder sanar sobre el hilo tenso del peligro, mi tristeza silenciosa; hasta el punto que la noche me parece ofensiva y enemiga.  Ahora el silencio es mi timonel. Siento mi cuerpo en paz. Es como el pulso tranquilo de un árabe que se hubiera pasado la vida fumando y dormitando adosado a un muro blanco.

¿Qué tiempo tendremos dentro de unos años?  Si tuviera que volver atrás, perdería la vida.

  

sábado, 30 de julio de 2016





Lejos, en el espejo de agua encrespada, entre los restos de caracolejos, entre los náufragos barcos, dentro de los puertos seguros, en los cómodos refugios de marineros, entre los nudos de madera de los muelles, en el mugido lastimero de los barcos de madera anclados, en el perro vagabundo que se lanza contra la ola, entre la fuga de palmeras desnudas, en las noches de luna llena, en el azul celeste del agua, entre el mar y el cielo, en la hierba triste sobre la arena, en cada una de estas cosas, allá lejos, está encerrada la felicidad de Lissa. 

viernes, 29 de julio de 2016





Penúltimo día en la isla
Durante los últimos días había bregado desesperadamente por concentrarme en el placer de disfrutar, olvidándome de los tontos fantasmas mentales que solo viven en el espejo de nuestros ojos.

Así que allí estaba yo, aparentando una frágil entereza que se me venía abajo con cada oleada perpetua de la mar acariciándome para luego desvanecerse hasta ensancharse indefinidamente al ritmo de mis pensamientos y mi cuerpo desnudo. Un misterioso ritual, en el que participaba silenciosamente de la vida mundana: La ola perpetua, serena e inmutable que sumergía mis cabellos en dulce cosa, en inmensa alegría como un manto misterioso de la mar; también, la calma de los cielos supremos, sobre mí; el hálito sinuoso de los peces, en mi boca; la curva del oleaje en mi pecho henchido. Toda la dulzura del consentimiento y la bondad del Creador conectada al mar sonoro que nutre la vida y deja respirar el espíritu voluble de los vientos bajo la mirada del sol, en lánguidas horas.

Fresca y fortalecida, me dispuse de nuevo a mi próvida rutina. ¡Eh, alto! un día _ ¡ojalá sea hoy mismo!_ me dije, con el gesto de quien está a punto de llegar o partir,  ¿por qué en lugar de sobrecargar mi conciencia con culpabilidades, no me decidía a disfrutar de unos días más, lo que la vida me estaba ofreciendo? Sería justo que en el nombre de todos aquellos que sufrimos el rechazo, la burla, el escarnio, el destierro y todas las crueles miserias humanas, ¡sería justo y bello! que además de tratar de tener una vida fuerte y espiritual, seamos también libres y generosos, viviendo un poco del culto de las frivolidades. 

Lista a magnificar el perfecto amor, aunque este no fuera amado, sin dejar de reafirmarme en la dignidad de mi espíritu, y en memoria a la desterrada, a la cautiva fuera del bello redil, a aquella que se fatiga y lucha por hacerse digna de añadir una piedra más, cualquiera pero armoniosa, al edificio erigido por sus antepasados; la entregada al esfuerzo de levantar las virtudes bendecidas por la tradición. ¿De éste modo se mostraría su nobleza? dejé escapar un ¡Dios mío! ¿Yo…? Puede ser, murmuré.


No quebranté la necesidad de dar rienda suelta a ese ímpetu de libertad; y, para cuando llegué al aeropuerto, había dejado atrás tentaciones, impulso, seducción, coqueteo, encanto. Lentamente, aquella sensación de seducir y ser seducida fue aminorando para dar paso a una renovada vida, al milagro de la montaña, a la madurez del espíritu, a la plenitud de los años, a la conquista de la alegría. Todo lo que me sucedía, sucedía por sensatez y amor, pues, ante el deber de persistir en nuestra misión, ningún corazón debía vacilar.


sábado, 23 de julio de 2016






Desde la bahía de los isleños 

Era una de esas noches calurosas en la isla, en que La Marcon su dulce y alocada cadencia, solía dar paz en el corazón. Yo allí, a la sombra de las flexibles hojas de palmeras y veraneras; detrás de mí, me parecía sentir al pueblo palpitante, no como un caserío de zona roja sino como ejemplo de esfuerzo laborioso de pescadores, agricultores y artesanos nativos, que a través del potente sonido del pick-up (picó), bailaban con frenesí al ritmo de la champeta, reviviendo  entre siglos el abandono y olvido.

Fue un descanso oportuno, aunque en tiempo breve, donde me plació tanto sonreír o reír para hechizar el destino y también para engañar esa angustia que los marineros llaman “la desazón del mar"...

¡Mira el barco lejano! _observé. 

Un barco que apareció desde el horizonte iluminado y que parecía contener toda la sombra y la luz del destino que trae claros anuncios de lo que en nosotros no es más que un presentimiento; francas respuestas a lo que no nos atrevemos preguntar aún. 

Eché a andar, mientras callaban mis pensamientos ante el mar inmenso de armonía, oyéndose cantar en una infinita lejanía, las fuentes de la Vida. 





viernes, 22 de julio de 2016

Frank Sinatra - My Way (1969)


A mi manera


"Y ahora, el final está aquí, 
Y entonces enfrento el telón final. 
Mi amigo, lo diré sin rodeos, 
Hablaré de mi caso, del cual estoy seguro. 
He vivido una vida plena, 
Viajé por todos y cada uno de los caminos. 
Y más, mucho más que esto, 
Lo hice a mi manera.

Arrepentimientos, he tenido...  

martes, 19 de julio de 2016




¿Algún alma gentil la recuerda?

Estoy sentada en un café de La Capital. Me siento inundada en llanto, dentro de mí. Entorno los párpados y la veo a ella que tiene en sí, la eternidad radiante.

¿Qué es ese misterio?

Hace más de 20 años, me despedí de mi madre muerta y de mi tierra natal. ¡Mi madre! Una pobre mujer  acobardada, herida, adolorida, que quiso Di-s quebrantarla y someterla a la aflicción.

El recuerdo de aquel desgarramiento espantoso, de gran dolor, en el que entro, como en la prueba cuando lo necio de mí me arrojó a la oscuridad, parece aún ampliar los límites de mi sufrimiento.

¿Cómo puedes, madre, hacerme morir de nuevo así, hoy día del aniversario de tu fallecimiento? Fue un 19 de julio de 1994.


domingo, 17 de julio de 2016

Miles Davis - (Kind Of Blue - 1959)


 "Blue In Green" 





Pensamiento matutino

Prorrumpió el frío en golpe de viento. Su primera ráfaga resonó en eco, dentro de mí, como si me hubiese profundizado en no sé qué mal, haciendo conmigo el eco de su holocausto. ¿Es el frío de invierno? ¿O es también el frío crecido al soplo de ese medio viento otoñal? 

Mi alma carece de  confines como el frío. Todos sus límites vacilan y retroceden, se alejan se desvanecen. 

Hoy mi cuerpo, tiene por cobija el retoño de julio y por abrigo la bondad del sol poniente, mientras la calidez del café ha hecho de mí su morada. 

domingo, 10 de julio de 2016




Momento místico bajo el cielo abierto


¿Era este mi día triste? ¿O era la hora que abre paso a la aurora de un alegre dolor?

Era de un solo color, como si Di-s lo hubiese modelado en la roca caliza de la montaña del Cuarzo. Y de un solo resplandor  como la montaña del Fuego.

¿Acaso no celebramos, el  día sagrado, en el interior de las montañas, entre cuevas que dejan pasar rayos de luz? ¿Y no lo celebran los religiosos, en el día elegido, en lo alto de la montaña Azul y el paso de nubes, con un inmenso altar tallado en las piedras?


He visto descender religiosos en la montaña del Agua de vertiente empinada. Descender por el lindero de la muerte, desde la cima hacia el abismo, sobre una escalinata de piedras de río que va del cielo al infierno, y durante el descenso la luz queda a sus espaldas y lo único que se ve hacia delante es noche.

¿Y no es un don del destino que la divina belleza humanizada de los religiosos se irradie sobre todas las cimas y en todos los abismos para dar vida, para conquistar y para quedarse?

¿Y qué de los años, los errores, las tribulaciones, y las culpas, donde se desbordan las lágrimas, sin el soplo de Di-s?

Dominemos al menos nuestro ánimo y lo que en este ánimo es impuro, loco o vano. Esto deseo, esto debemos desear en la noche de vela, donde conviene rezar, todo el pueblo exiliado. Conviene que cada uno de nosotros, en el silencio, ofrezca una hora de recogimiento al que santifica esta vela. La faz del mundo parece ensombrecerse y el alma de la tierra vuelve a sentirse ansiosa…


Adoremos a Di-s, inclinándonos hasta tocar el suelo con la frente.