sábado, 11 de julio de 2020

#Cuarentena 





Un desierto en el cielo

Percibí el olor hirsuto
de encima de las nubes,
teñidas por la arena del Sahara.

La belleza del día palidecía
al primer hálito del alba suspendido,
mientras la mano meticulosa
medía la poesía del universo.

El prodigio de la naturaleza
se reveló a mi extasiado corazón.

Caminé con paso callado,
llevando la vida de mi vida,
alimentándola con escritura y sufrimiento.

La novedad es vana.

Estos paños de arena dorada,
suspendidos a 4.000 metros,
surcando ríos y mares,
obstruidos por la lluvia,
desgarrados por el sol
sobre el cielo capitalino,
danzan al compás de la melodía terrestre.

Cerramos en ritual ventanas y puertas;
el cielo deposita su oro,
semillas de vida que caen sobre la selva,
mientras la ciudad suspira bajo su manto.

Cuando el estallido del mundo
se transforma sin pausa,
agitado por la pandemia
y la nueva normalidad,

estos paños no son sino
un bello y terrible monstruo
dominador de energías cósmicas,
para cuyo desplazamiento
es poca la vastedad del mundo.

O, quizás:

¡Mira un horizonte profético!
¿Prepara los caminos
al Mesías que viene:
grande, libre, justo, humano?

A pesar de todo,
si la armonía parece rota,
sumergida en oleadas de ideas, imágenes y adivinaciones
que hierven junto a la pandemia,

la vida nunca fue más rica.

Nada de cuanto vemos
debería ser más bello.

Un culto de expectación.

Bogotá, 11/7/20 9:01 p.m.





martes, 7 de julio de 2020



#Cuarentena 





Me disipo sobre mi dilapidada vida

Me parece divisar, de nuevo, el bolero en marcha.
Los rascacielos, las calles, las avenidas, los cursos de agua,
los grupos de casas, las familias de árboles.
Rebaños dispersos aquí y allá, agazapados
sobre pastos verdes inexplicables.

Atravieso la Sabana —sus paradas, su soplo leve—.
Busco una catedral de sal,
no con los ojos de entonces,
sino con el espíritu que ahora ve sus formas,
sus espacios, sus colores azules y magenta,
sus olores a gruta: tanta ensalzada belleza sin belleza,
y el viacrucis sin milagro.

El viento afuera es frío.
Estoy a 2.600 metros,
siento la avidez de la montaña, el pueblo ansioso.
Cierro los ojos para captar
la última figura de luz en el misterio de la mente.

Hasta que tenga aliento,
lo saboreo todo en un solo segundo,
y lanzo ese sonido de pito de tren detrás de mí,
como mi nada,
al olvido. 



domingo, 5 de julio de 2020

#Cuarentena 






Níveas e inmaculadas,

entre constelaciones de plata.

Azulean las sombras y la imaginación.


jueves, 2 de julio de 2020

#Cuarentena




Anotaciones Poéticas 
  • Una sombra que se desvanece:

    Me preguntas si he salido al fin de la ansiedad, de la oscuridad, si puedo confiar, si puedo estar segura… si al fin es éste o aquel día notificado por nuestro presidente.

  • Respuesta incierta:

    No sé qué responder. En estos días de aislamiento y confusión, solo la generosidad se eleva sobre la miseria. Pero pienso: “No nos dejemos engañar, ni sorprender. Es necesario estar atentos y afrontar el peligro.”

  • Terror impúdico:

    Es muy triste hoy, después de 100 días de aislamiento, escuchar voces de alarma, visiones acosadoras, interrupciones bruscas, improvisaciones repentinas. El esfuerzo queda corto, siempre queda corto.

  • Noches turbias y claras:

    Boca arriba, en vela, insomnio persistente, visiones que mi voluntad no puede manipular. La imaginación proyecta incontables figuras, desordenadas, rápidas, incomprensibles. Borges decía: “Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan… En éste, usted ha llegado a mi casa; en otro, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.”

  • El pasado se convirtió en presente:

    Con relieves y sutilezas, comprendí: la locura pendía sobre mi cabeza como la espada de Damocles. El peligro dentro de mí era más real que el externo. Estos pensamientos oscuros necesitaban exteriorizarse, para mi bien.

  • Para el resto:

    Lastimada de sombras y de culpas, mi tristeza se intensifica con noticias que huelen al ‘virus de la corona’; como el carnicero huele a sangre, como la maría mulata huele a muerte.