El nuevo día alivia mis deseos. Mece mis tristezas.
En medio de luchas, me sostengo con voluntad de acero.
Silencio impuesto. Quietud obligada.
Todo palidece a mi alrededor.
Aun así, sé lo que debo hacer. Camino con firmeza por la buena causa.
Vuelvo a nacer desde una armazón rígida.
Poco a poco —de contacto en contacto, de experiencia en experiencia, de prueba en prueba— tomo líneas flexibles.
La vida se abre. La virtud se vuelve elástica.
Y más de una vez, mi corazón seguirá viviendo.
Mi pensamiento seguirá creando.










