miércoles, 23 de noviembre de 2016





¿Se puede sonreír?

El nuevo día alivia mis deseos. Mece mis tristezas.
En medio de luchas, me sostengo con voluntad de acero.
Silencio impuesto. Quietud obligada.
Todo palidece a mi alrededor.
Aun así, sé lo que debo hacer. Camino con firmeza por la buena causa.

Vuelvo a nacer desde una armazón rígida.
Poco a poco —de contacto en contacto, de experiencia en experiencia, de prueba en prueba— tomo líneas flexibles.
La vida se abre. La virtud se vuelve elástica.

Y más de una vez, mi corazón seguirá viviendo.
Mi pensamiento seguirá creando.








domingo, 20 de noviembre de 2016




Aquí se hace Vida o se Muere 

¡Invierno angustioso! estación de dudas, incertidumbre, desánimo y enojo. 

Los días se consumen sin verdad ni silencio; no se oye más que el ruido de la lluvia que inunda las calles de la ciudad caótica.

Pero los que estamos solos con nuestro destino, el dolor y los afanes, descubrimos bajo las sombras de esos días sombríos la hora inmóvil del mediodía, cuando el deseo puro domina la fresca tierra donde la semilla prende.

Sonrío. La montaña está ahí. La observo bajo el agua llena de cielo verde, mientras el espíritu de sacrificio, resistente a las torturas del mundo, se libera y se abre a un manantial de vida inmune a toda descomposición citadina. Poco a poco, las nubes se dispersan en un cielo de niebla y el viento, como ráfagas de desierto, lleva hacia el infinito esa parte de nosotros que no quiere volver.



Tower Bridge — Londres








¿«Monstruoso y grotesco»?
Quizá para otros.

En medio del tráfico y el murmullo del río,
su neogótico se alza sin pedir permiso:
entre placas, cables y compases de acero
encuentra su propio ritmo, firme y exacto,
como un poema azul
que respira en pleno corazón de Londres.




lunes, 7 de noviembre de 2016





Instante de Luz 
Hay un Destino Manifiesto...

No conozco la calma. No tengo reposo alguno.
Sé quiénes me leen. Intuyo a los que no me leen.
Y cuando caigo en áspera intolerancia —no siempre, pero casi siempre— hago el gesto punzante de quien arranca una hoja, la estruja y la lanza a la caneca.
Luego bebo un vaso de agua, de un solo sorbo.

Son instantes en que espíritu y dolor coexisten,
cuando me asomo a la muerte.
Noches mudas en las que tomo mis sienes entre las manos,
sintiendo la fuerza que oscila en el temblor de unas alas.
Hijos, familia, amigos: los acaparo en ese batir.
El resto lo rechazo.

Tiempo sin medida.
Amargo. Difícil.
Frente a la ventana, la masa deshumanizada de autos hierve y resplandece
como materia en fusión.
Un relámpago que interrumpe la corriente eléctrica relampaguea también en mí,
como esos metales disueltos.
Respondo a la angustia dominando el terror:
haciendo más ardiente mi amor por la vida.

Ante Su Presencia—voz, rezo, lágrimas—
mi rostro se queda pálido, mi mirada lejana;
y ese dolor que sube al pecho, grita en la garganta
y sopla un amargor entre dientes y labios,
lanzando un gemido.
No quiero que mis hijos escuchen.
Salgo al jardín.
Y de inmediato, una estrella y una nube desgarrada
se me clavan adentro:
el rayo ardiente de Di‑s.

¡Ay de mí!

Luz desnuda que envía a los hombres un canto de Ángeles,
entonado con esa fuerza que solo la Luz sin rostro conoce.
La angustia entonces me golpea:
no haber dado lo suficiente.
Las preguntas vuelven, incesantes:

“¿Qué más ofrezco?
¿Cómo sigo demostrando mi generosidad?”

Y en oposición a esas preguntas, aparece el espectáculo del destierro,
la muerte lenta;
el pesar de no saborear de cerca el amor de los últimos años;
el pesar de los amigos descuidados;
de los hijos, a quienes me acomodé “en la nada”;
y el remordimiento de no haberlo disfrutado más.

La vida: cotidiana, desgastada hasta el cansancio.
Sensación de existencia consumida.
Vejez inevitable.
Sepulcro insaciable.

Mi vida: rito terrestre y desesperado,
cavando la fosa sola, con mis manos, mi azadón,
y dejándome caer violentamente sobre mí misma.

El éxito: liviandad vil, charlatanería,
turpiloquio de los Medios.

Finalmente, solo un rito permanece:
cavar la fosa.
Confiar el cuerpo quebrantado a la tierra.
Pensar que todo concluye con el último hálito…
hacia lo Eterno.

…allí lo dejo.
Ya no pienso más.




"Sólo encontramos felicidad en el cansancio (…), después de la última fatiga, porque ya nada deseamos. Felicidad es el reposo de los músculos, de las ambiciones, del olvido. Un caminito hacia la suave muerte."

Manuel Mejía Vallejo, Al pie de la ciudad



domingo, 6 de noviembre de 2016




¿Quién eres?

Ahí va la máscara que forma un alma sola con el corazón desnudo y se convierte en una llama impenetrable.

Comienza la lucha.

No quiero subir a ese estrado emperifollado de la vida.
Me planto sobre el empedrado desgastado —como la plaza de una pequeña provincia olvidada—.
El resto son las máscaras.

No he venido para mirarte a la cara.
Invisible vivo para esos vivos hacinados que, sin embargo, son visibles para mí.
No tengo voz para ellos, aunque ellos sí la tienen para mí.

Todo lo espiritual y humano que vive en mí, en ellos tiene su origen;
y lo que de mí perece, a ellos se los debo.

Sobre el latir de corazones, todas las máscaras deberán alzarse.
Me levanto. Alzo la frente.
Miro hacia delante y me coloco frente al mundo,
que vuelve la cara hacia mí.

¿Qué máscara usaré, sino la más fuerte?


jueves, 3 de noviembre de 2016

Manhattan Soundtrack (Woody Allen - 1979)



"- ¿Alguien leyó que los nazis van a marchar a Nueva Jersey? Lo leí en el periódico. Deberíamos ir, juntar a varios hombres, conseguir tabiques y bates de béisbol e ir a explicarles las cosas.

- Leí un artículo devastadoramente satírico sobre eso en el Times.
- Un artículo satírico en el Times es una cosa pero tabiques y bates de béisbol sí que los harían entender las cosas.
- Pero la sátira muy aguda es siempre mejor que la fuerza física.
- La fuerza física siempre es mejor con los nazis porque es difícil satirizar a un sujeto con botas que brillan." 
(Texto de la película dirigida por Woody Allen, MANHATTAN, estrenada en 1979)





martes, 1 de noviembre de 2016



Hay un silencio en mí que sigue creciendo. 





En mi tierra de las trinitarias

¿Cómo puede una vieja imagen traer desde lejos la alegría sanguínea y transformarla en rubor silencioso?

"La brisa es musical. Canta por sí misma. Comunión misteriosa entre ella y el animal. Está viva. Cada galopar es una prolongación de alegría fugaz. Su piel de barniz se deshace en sudor. Vestido con camisa de cuadros azul verdoso, se echa a reír con risa infantil, pulsando la cámara fotográfica. Se compenetran como Eva en la costilla de Adán. Hay una relación evidente entre el fotógrafo y ella."

¿Quién podrá decir algo seguro en materia de amor?






"La passione intellettuale richiama la sensualità"
Leonardo da Vinci