jueves, 6 de agosto de 2020

#Cuarentena 



Flor del caño

Los lugares más solitarios no están en los desiertos ni en las montañas, ni en las playas ni en las planicies estériles, sino donde el alma afronta su destino, respirando un aire irrespirable de vida.

Está viva.

¿Estará siempre viva?

Bogotá, jue, 6 ago. 2020




#Cuarentena 




La diplomacia de la mascarilla

 

Quitémonos la mascarilla que los muertos llaman vida.

Así es mi vida:
espíritu abrumado en el vacío,
confundido por un pensamiento dominante
que lo invade todo:
la pandemia que atraviesa un año bisiesto.

Es un día lluvioso y tibio.
Todo se muestra como exilio, evocación, negación, presentimiento.
Las voces humanas se hacen quedas,
dejando que el silencio hable
a través de la ambulancia.

Todo es irreal.
Me cuesta separar la realidad de lo que sea esto.

En el confinamiento, la vida se hace sencilla.
Vivimos fuera del tiempo, con prisa extraña.
El aire palpita con ansiedad religiosa,
como en la espera de un milagro.
Pasado y futuro se encuentran en un instante,
reflejados en la gris cristalera del ventanal.

Mi ser se adhiere al misterio de la vida.
El dolor y la muerte destilan hacia mí
como gotitas que caen de un túnel tenebroso.
La música difunde algo aéreo
que se vuelve mi propio fondo.

Vivimos bajo vigilancia:

Bancarrotas.
PIB en caída.
Huracanes.
Explosiones.
Fronteras cerradas.
Turismo afectado.
Tensiones políticas y sociales.
Sistemas de salud colapsados.

Momentos de incomparable vida.
¡Qué ironía!

Solo un ánimo firme
puede vencer las adversidades
que se extienden sobre los dominios del cielo y la tierra.

En algún lugar, un grueso muro
separa a los mortales del horno crematorio.
Humea, chirría, nunca se enfría.

De pronto ruge voraz,
y el humo se esparce sobre fosas y casas vecinas.
Sepultureros taciturnos
mueven ataúdes con gestos repetidos,
como en un sueño lento
de tragedia eterna.

¿Será siempre así,
antes de que todo empiece a ser más sencillo?

¿Es este destino humano
un hilo en la voluntad vigilante de Dios?

Hora de la chimenea hogareña,
04/08/2020.

 

Hora de la chimenea hogareña, 04/08/2020


sábado, 11 de julio de 2020

#Cuarentena 





Un desierto en el cielo

Percibí el olor hirsuto
de encima de las nubes,
teñidas por la arena del Sahara.

La belleza del día palidecía
al primer hálito del alba suspendido,
mientras la mano meticulosa
medía la poesía del universo.

El prodigio de la naturaleza
se reveló a mi extasiado corazón.

Caminé con paso callado,
llevando la vida de mi vida,
alimentándola con escritura y sufrimiento.

La novedad es vana.

Estos paños de arena dorada,
suspendidos a 4.000 metros,
surcando ríos y mares,
obstruidos por la lluvia,
desgarrados por el sol
sobre el cielo capitalino,
danzan al compás de la melodía terrestre.

Cerramos en ritual ventanas y puertas;
el cielo deposita su oro,
semillas de vida que caen sobre la selva,
mientras la ciudad suspira bajo su manto.

Cuando el estallido del mundo
se transforma sin pausa,
agitado por la pandemia
y la nueva normalidad,

estos paños no son sino
un bello y terrible monstruo
dominador de energías cósmicas,
para cuyo desplazamiento
es poca la vastedad del mundo.

O, quizás:

¡Mira un horizonte profético!
¿Prepara los caminos
al Mesías que viene:
grande, libre, justo, humano?

A pesar de todo,
si la armonía parece rota,
sumergida en oleadas de ideas, imágenes y adivinaciones
que hierven junto a la pandemia,

la vida nunca fue más rica.

Nada de cuanto vemos
debería ser más bello.

Un culto de expectación.

Bogotá, 11/7/20 9:01 p.m.





martes, 7 de julio de 2020



#Cuarentena 





Me disipo sobre mi dilapidada vida

Me parece divisar, de nuevo, el bolero en marcha.
Los rascacielos, las calles, las avenidas, los cursos de agua,
los grupos de casas, las familias de árboles.
Rebaños dispersos aquí y allá, agazapados
sobre pastos verdes inexplicables.

Atravieso la Sabana —sus paradas, su soplo leve—.
Busco una catedral de sal,
no con los ojos de entonces,
sino con el espíritu que ahora ve sus formas,
sus espacios, sus colores azules y magenta,
sus olores a gruta: tanta ensalzada belleza sin belleza,
y el viacrucis sin milagro.

El viento afuera es frío.
Estoy a 2.600 metros,
siento la avidez de la montaña, el pueblo ansioso.
Cierro los ojos para captar
la última figura de luz en el misterio de la mente.

Hasta que tenga aliento,
lo saboreo todo en un solo segundo,
y lanzo ese sonido de pito de tren detrás de mí,
como mi nada,
al olvido. 



domingo, 5 de julio de 2020

#Cuarentena 






Níveas e inmaculadas,

entre constelaciones de plata.

Azulean las sombras y la imaginación.


jueves, 2 de julio de 2020

#Cuarentena




Anotaciones Poéticas 
  • Una sombra que se desvanece:

    Me preguntas si he salido al fin de la ansiedad, de la oscuridad, si puedo confiar, si puedo estar segura… si al fin es éste o aquel día notificado por nuestro presidente.

  • Respuesta incierta:

    No sé qué responder. En estos días de aislamiento y confusión, solo la generosidad se eleva sobre la miseria. Pero pienso: “No nos dejemos engañar, ni sorprender. Es necesario estar atentos y afrontar el peligro.”

  • Terror impúdico:

    Es muy triste hoy, después de 100 días de aislamiento, escuchar voces de alarma, visiones acosadoras, interrupciones bruscas, improvisaciones repentinas. El esfuerzo queda corto, siempre queda corto.

  • Noches turbias y claras:

    Boca arriba, en vela, insomnio persistente, visiones que mi voluntad no puede manipular. La imaginación proyecta incontables figuras, desordenadas, rápidas, incomprensibles. Borges decía: “Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan… En éste, usted ha llegado a mi casa; en otro, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.”

  • El pasado se convirtió en presente:

    Con relieves y sutilezas, comprendí: la locura pendía sobre mi cabeza como la espada de Damocles. El peligro dentro de mí era más real que el externo. Estos pensamientos oscuros necesitaban exteriorizarse, para mi bien.

  • Para el resto:

    Lastimada de sombras y de culpas, mi tristeza se intensifica con noticias que huelen al ‘virus de la corona’; como el carnicero huele a sangre, como la maría mulata huele a muerte.



lunes, 1 de junio de 2020


#Cuarentena






Un vago revés

Ha llegado el colibrí. Entra en el jardín.

Me quedo silenciosa. Por un instante, en mi cuerpo cansado, me invade una ligera torpeza.

Sus menudos ojos salvajes se abren bajo mi ventana; un grito agudo, un azul zafiro luminoso.

Brilla y revolotea en torno a las flores con esa gracia que solo pertenece a los pájaros.

Luego lo veo desaparecer — pasar los tejados, cruzar el azul.



Meditación interior


Todas las visiones de mi sueño son destellos de espantosos fantasmas.

De la noche insomne, se disiparon a la luz de la mañana.

He escapado de la noche.

Mi alma triste parece iluminarse, como diría un místico, hacia una claridad quieta e igual.

De nuevo, cedo muy lentamente al sueño, y sé que no podría despertarme más.


La Capital, 1/6/20, 12:26 p.m.




domingo, 31 de mayo de 2020

#Cuarentena




 En el aire transparente,

respiramos la muerte.

¡No nos damos cuenta!

Cuarentena, 31/5/20 9:23 p.m.


jueves, 21 de mayo de 2020





"El piano atormentado de James Rodhes"


Cinco minutos de Beethoven


#Cuarentena
“Imaginen volver a emerger en el mundo no como un retorno a la normalidad, sino más bien como un nuevo comienzo basándose en algo más reducido, sencillo. Algo más lento, realmente centrado en las pocas notas importantes con las que tenemos que tocar y no en el exceso de ruido que en nuestras vidas existía antes. Qué oportunidad tan profunda.”  James Rodhes



#Cuarentena






A Tommy, hijo del silencio.

Pienso en ti.

La lejanía es de limón y turquesa,

blanco el gato todavía.


Las naves naufragaron,

pero han quedado en mí

las imágenes de esas cosas

que tú no has conocido jamás.


El olvido,

está tan lleno de memoria

que a veces no caben recuerdos,

y hay que tirar rencores por la borda.


El virus,

aquel virus de finales de abril,

abrió la puerta con un empujón,

tocó y removió mi alma.

Trajo la noticia de tu llegada.


Son cerca de las nueve.

Mayo 2020 en La Capital.





#Cuarentena

‘MonopolY’

Lloviznaba. Me oprimía la tristeza de un ocio forzado, el tedio de la inútil espera, la angustia de un deseo lacerado y agonizante, la mezquindad de la clase política contra un pueblo sumiso, permisivo y tolerante. Todo el ambiente del barrio había cambiado; su aire agitado, desbordante de autos, ruidoso, se había transformado en una tristeza narcotizada, medio apagada y misteriosa. Los pájaros escarbaban sobre los eucaliptos. Meditando en la prueba, de pronto, tuve delante de mí, sobre el escritorio, las fichas del "monopoly"

_ ¡Vamos a jugar! 

La súplica fue tan extraña, que por un momento titubeé. La vi tan emocionada y, no pude menos que mirarla y ver el mundo a través de sus ojos celeste: generosa, impulsiva, infantil, a veces irritada e impaciente.  ¡Se parece tanto a su padre!

 _¡Ah! ¿Quién juega primero? _me eché a reír y la rodeé cariñosamente con mi brazo. 

, tira los dados, la tirada más alta comienza. _Me respondió mi queridísima hija Gaviota, mirándome feliz, con sus ojos diáfanos.

Cada una escogería un token colocándolo en “SALIDA” y una tarjeta débito cargada con millones de dólares, mientras avanzas alrededor del tablero, comprando la mayor cantidad de propiedades. No solo puedes comprar  conjuntos de casas, sino también hoteles, parques, plazas, avenidas, o ser propietario de ferrocarriles y compañías de agua, de electricidad y hasta de muelles. Dulce fantasear:

_ Si caes en una propiedad, ferrocarril o servicio público, puedes comprarla. ¿Deseas comprar?

_ ¿Yo? _ le respondí con la voz ronca y confundida. ¿Qué puedo comprar?

_ Todo,  _ respondió entonces con un tono de voz inocente, casi infantil. _Paga al banco el precio que se muestra en la casilla y toma tu Título de Propiedad.

El juego mágico de la fortuna transfiguraba nuestro encierro y nuestra estrechez en un arca comunal de Títulos de Propiedad donde podías comprar, vender, hipotecar o intercambiar propiedades.

_¡No puede ser verdad! Eso implicaría ser una famosa de Hollywood, participar en Reality Show, viajar como heredera en avión privado y quedarme en los hoteles de mi propiedad, una, dos, tres noches, quizá... jugar en los casinos, promover mi libro en el noticiero de la mañana,  ¡Qué juego! nunca lo hubiera imaginado.

_ Tira los dados otra vez, .  _encogió sus hombros rebeldes, frunciendo el ceño, mientras sonreía medio molesta, medio divertida, por mis comentarios.  

_Parada libre ¡Calma! No pasa nada malo, ni bueno tampoco. _me dijo con severidad.

El juego continuaba en el sentido de las manecillas del reloj, mientras me quedaba mirando sus ojos resplandecientes. Seguía jugando y gritando alegremente. Eran los ojos de mi padre, aquellos ojos antaño, vivaces, alertas, resueltos, pero que para entonces, eran los ojos de un hombre que parecía haber observado demasiado la vida y hallándola inútil, decidió abandonarlo todo.

De pronto, en vez de mover mi token, glamorosamente sobre un hotel, el bello rostro sonriente de mi hija me interrumpía severamente:

_ ¡Vete a la cárcel! ¡De inmediato! Ya no puedes cobrar más dinero. Tu turno terminó. Pero, no te preocupes, puedes seguir cobrando las rentas, subastar, negociar.

_ ¿Cómo salgo de la cárcel? _ pregunté sorprendida.

Los delgados labios de Gaviota formaron una línea obstinada.

_ Tienes 2 opciones: Puedes obtener el perdón presidencial o pagas una multa, que es lo mejor que puedes hacer, después tiras los dados y avanzas. 

Luego de haber salido de la cárcel, y, muchas horas después de seguir pagando impuestos sobre ingresos, impuestos sobre posesiones de lujo, subastas, hipotecar propiedades, pagar hipotecas, hacer millonarias donaciones a los pobres, en fin, lancé los dados de la fortuna, faltándome las palabras en el momento de ver, de mala gana, los resultados; al tiempo que mi hija, medio divertida, dirigía su mirada por encima del juego,  ante mi expresión de socorro.

_ Pasa, que...,  ¡No puedo pagar! _irrumpí con súbita y colérica alarma. 

_Si no tienes suficiente para pagar tus deudas, , estás en bancarrota y ¡quedaste fuera del juego! Regresa tus propiedades al banco, para que de inmediato las ponga en subasta. Entrega todas las tarjetas y colócalas al final del montón. 

_¡Soy la ganadora! 

El triunfo fue infantil, pero breve. Coincidiendo con mi derrota, se dejó llevar por la llamada de la hermana mayor, quien ejercía una profunda influencia sobre ella. Ambas, como colegialas, resonaban por la casa corriendo hacia la cocina. Al cabo de unos momentos, reapareció sonriente y agitando un helado como si se tratara de un trofeo. 




martes, 19 de mayo de 2020





#Cuarentena

El otro lado del sueño – 


Un suspiro inmenso me recibió al despertar.
El día parecía radiante, lleno de energía, un día de libertad.

La Capital seguía acechando,
jungla humana al servicio de un capitalismo salvaje,
tejiendo sus telas de araña con enormes tenazas que aprietan y no sueltan.

El gobernante confiaba en nuestra rendición,
olvidando que hay en nosotros la obstinación de vivir,
esa fuerza antigua, fresca como la esperanza,
que se aferra al corazón incluso frente al dolor.

Quisiera el don de José en Egipto,
para interpretar sueños y descifrar aquel que me oprimía:

Los astros brillaban sobre el mar, sobre los mástiles de los barcos.
Me preguntaba cómo salir de aquella playa oscura.
Sola, completamente sola, escuché una voz:
“¡Corre! ¡Corre!”

La mujer vestida de blanco, refinada, arcangelizada,
era la única guía entre la densa oscuridad.
Mientras corría, la capa negra que me envolvía se volvía más pesada, más oscura.
No sabía si avanzaba hacia ella o hacia el mar embravecido.

Dos noches después, los informes confirmaban la amenaza:
un virus que navegaba los mares y volaba en alas de acero.
La voz del otro lado dominaba el miedo y el encierro:

“¡Corre! ¡Corre! Mantente en casa, defiéndete, contra todo y contra todos.”

Hoy, en la novena semana del exilio pandémico,
seguimos vigilantes, cautelosos,
pero un hilo de belleza resiste,
un hilo de libertad que no puede ser apagado.

Mil y una historias me recordarán siempre,
que mis sueños tuvieron alas de cristal.




viernes, 15 de mayo de 2020




#Cuarentena

El alma con sus matices

Tras una noche inquieta abrí los párpados.
Un rayo de sol acariciaba el paisaje;
una ciudad, o tal vez un mundo nuevo, despertaba con esperanza.
Los rayos delineaban las montañas, suavizando su desnudez.

Los cristales vibraron con la sirena de una ambulancia,
rebotando sobre mi corazón como un río golpeando una avalancha.

Antes de salir, me senté en la silla partera de Indonesia,
refugio de contemplación y tregua,
lugar para reencontrarme y mirar la cara de Dios que no nos abandona.

Tomé un café y salí.
Hacía frío.
Sobre casas y calles desiertas descansaba la claridad milagrosa de la mañana.
Mi garganta seca bebía aquel viento fresco y claro.

En cada esquina, fantasmas rendidos dormían entre cartones sucios,
montones de vencidos.
El escenario era sombrío; avanzaba con la esperanza
de llegar antes de que los rostros cubiertos invadieran el espacio comercial,
mezcla de hormigón, bullicio y muerte.

Algunos amigos se libran de la culpa con facilidad,
embalsamados en frases de ayuda,
ganando indulgencia con avemarías antiguas.

Desmenuzan el privilegio y lo mezclan con restos,
engordando sus cerdos. Ritual piadoso: SALVACIÓN.

—Allá voy, allá voy —me decía, tragando saliva y sudor.
—Casi no llegas —me recordó mi amiga, ansiosa por entregar el mercado.
—Aquí hay con qué freír unos huevos: jamón y queso.
—Que Dios te mantenga en buena salud —le agradecí, como una niña que quiere lucirse.

La admiré. La mujer justa, clara, generosa.
Pensé en el milagro sobre la isla, y me sentí continente en parajes desconocidos.

Suplir mis carencias con lo ajeno no es más indigno
que suplir las carencias ajenas con lo mío.
Orgullo que conoce carencias, pero ignora la humillación.

Aun así, el virus de la corona inquieta;
enemigo que penetra la carne frágil del mundo.
Hace poco, el mundo soplaba alegría en el rostro de los más favorecidos.
Hoy, el soplo es furioso, ruidoso, letal.

Basta una diminuta esfera brillante,
repleta de coronas, esparcida por una mano invisible,
para recordar que el mundo entero está conectado,
y que la fragilidad, por más que resistamos, es inevitable. 




sábado, 25 de abril de 2020

#Cuarentena




En una mañana del reciente abril


Tras una noche de paciencia, debía apresurarme antes de que el sol y la gente llenaran las calles.

La mañana era clara, luminosa.

Desde mi corazón imploré al Eterno protección contra el estornudo del virus de la corona, que flotaba sobre los transeúntes como una amenaza invisible.


Detrás de mí, una mujer de ceño fruncido avanzó con su corpulencia imponente.

De pronto, un estornudo inesperado estalló desde su nariz, y yo, en un reflejo instintivo, enterré mi rostro entre las estanterías de revistas y periódicos.

Su rostro enrojecido, la nuca, la papada…

todo parecía temer un accidente inmediato del moco ardiente que aún persistía.

Saltamos hacia la izquierda, espantados, manteniendo la distancia, mientras la fila se alargaba como un eco repitiéndose por el pasillo.

La mujer, convertida en un avestruz tambaleante, gañía sin remedio.

Le perdonamos. Nada más.


Salí al cielo abierto, donde solo quedaban rascacielos y aire.

Muy al fondo, vagos relámpagos —donde la mirada se pierde— y todo parecía respirar otra vez.



sábado, 11 de abril de 2020

#Cuarentena








La llovizna peregrina se esparcía sobre las cúpulas del viejo barrio de la capital.

Percibía el olor de la tierra —olor a eucaliptus—.

Podía sentir cómo lo fúnebre se extendía por el ala tranquila de los espacios místicos, y se fundía con los olores humildes de la cocina: allí donde la olla comunitaria disolvía la vitualla celestial, sin pretensiones de elegancia, mientras el pueblo de las cinco comidas —en tiempos del coronavirus— aludía a la “unidad y solidaridad”.

A su vez, predicaban modestia, prudencia, renuncia y austeridad; pero, embriagados de poder, volvían a abrir las fauces para devorarlo todo.

Entretanto, el pueblo devoto se apretaba el cinturón unos puntos más.

Sin embargo, allí donde se desploma el peso de la muerte, allí también la libertad del alma se levanta.

Esa tarde cruda y gris, frenética y de tumultos, el pueblo se alzó en plazas y calles, gritando:

“¡No queremos huesos, ni granos viejos y secos, ni pedazos, ni harapos, ni saqueos, ni mentiras! ¡Basta de abusos!”

Fue tanto el peso de las necesidades, que pareció haberse disparado la peste, empujándolos a coronar el desespero con la muerte sofocada por el virus de la corona.

¡Crimen imperdonable! ¿En qué cementerios inaccesibles dejaron abandonados a los muertos? ¡No los dejen callar!



¿Y seguiremos agazapados en nuestra solitaria estupidez?




miércoles, 25 de marzo de 2020




#Cuarentena

Crónica del viento frío – Era finales de marzo 2020


No fue pronosticado.
Cada mil años, cada dos mil, cada tres mil, surge —desde la naturaleza secreta de los animales— un virus.
Sucede que nadie lo prevé.
Y el pueblo, en silencio, habiendo soportado otras muchas lapidaciones, volvería a morir en el infortunio de tal fatalidad.

A pesar de todo, en medio de la batalla que se desvanece en la bruma, el pueblo —desmemoriado y extraviado— sigue reconociéndose en sus gobernantes, en alguna de las palabras que jamás fueron pronunciadas; en los coristas que cantan en cinco voces dispares, acordes o discordes; en el ritual de la Semana Mayor que, en esta época, no se pudo celebrar; en los templos vacíos; en los pastores de la victoria que, sobre el atril de los ritos inmundos, hojean el Libro que concede a la pobreza ese Paraíso donde quien no tiene nada lo tiene todo, gravitando sobre ellos todo el peso del sacrificio.

“Hermanos míos, somos pobres,
pero hay alguien más pobre que nosotros.”

Estamos en un tiempo de horror.
Un poder invisible —mil y mil veces más fuerte que cualquier bomba nuclear— se curva hoy sobre nosotros.
Todos podemos ser arrebatados por el virus de la corona.
No importa que en éste o aquel lugar estén cerrados:
se ve ascender la mortandad feliz,
una fuerza invisible que circula sobre la masa de viejos y pobres
que saben sufrir sin desesperar.

No ofrezco dinero, que es escaso y vil.
Hoy cuesta tanto.
Los despojados y los pobres lo sabemos y no lo decimos;
y sonreímos en silencio, mientras suena, de cuando en cuando, la moneda sacudida sobre los lutos andrajosos de esta guerra.

¿Qué le pueden ofrecer, pues,
a los pobres sonrientes?



jueves, 5 de marzo de 2020

A 4 marzo de 2020




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¿Qué haré para esperar el mañana?

Dedicado a Cartagena,
herida y hermosa,
que guarda lo que fuimos y lo que perdimos.

“Todo exilio es un espejo.”

Murallas corallines, fuertes, cristales de sal; trocitos de conchas blancas y rosadas, paredes desconchadas, y olas envolviendo la belleza herida de la Cartagena del mar.

A cada paso de un barco, olas claras, olas oscuras, azuladas por la sombra de la nube, van y vienen danzando sobre la nada en el vetusto vacío del alma.

La espuma flota a ratos, como pompas frágiles, tan dulces al recuerdo, que se desvanecen a lo lejos bajo el sol dorado y durmiente. Todo es oro otoñal, azul de lontananza.

¿Por qué estas cosas alivian el dolor?

Ella pasó como una tempestad antigua, una Jezabel renacida en cuerpo ajeno. Dejó tras sí un despojo silencioso, un exilio donde aprendí la hondura de la soledad y lo que permanece en mí cuando todo lo demás se pierde.

Y, sin embargo, ningún deseo de volver a casa. La araña ha tejido su tela en un espacio muerto.

¿Por qué este pensamiento no me asusta?



sábado, 29 de febrero de 2020

Rocío silente






Hay un mundo y es falso,  
brutal, corrupto, absurdo. 

Nos horroriza lo que no comprendemos.

Pero en medio de tanta falsedad y molicie:
ya no había paredes,
ya no había una chimenea,
ya no había fantasmas, ni máscaras, ni fraude.

No teníamos árnica ni caléndula 
que calmara el dolor.
Nadie curó nuestras heridas,
Salvo el rocío silente.