miércoles, 30 de diciembre de 2015
Viene hacia mí,
atravesando la espesura de mis recuerdos,
trayendo de nuevo, desde muy lejos,
lo que tanto me pesó
cuando no era más que una chiquilla,
la flor soñadora
de la más sana juventud
en mi tierra de pescadores.Viene surcando mi vida,
que se dobló hacia un lado y hacia el otro,
hasta tocar finalmente
el buen terreno.Déjame reconocer,
en aquellas correrías ocultas,
en aquella voz y en aquel placer,
una imagen de felicidad fugaz,
que es de mi propiedad
y que, de cuando en cuando,
relampaguea también
en este exilio de soledad.
martes, 29 de diciembre de 2015
—¿Le contaste eso a tu padre?
—Naturalmente —murmuró Charlie con aire resuelto.
Lissa lo miró un instante, intentando descifrarlo. Pero él, cerrado como una ostra, no dejó escapar palabra.
—¿Y qué te dijo papá? —preguntó Mary, ansiosa.
Él se encogió de hombros, guardando silencio.
Hacía un calor sofocante, y los chicos pidieron helados.
Lissa, en cambio, insistió en tomar solo agua, negándose a pedir la tartaleta raw chocolate con miel, frambuesa, nueces y dátiles sin gluten que tanto le gustaba.
Gaviota no podía dejar de sonreír frente a su helado de coco y arazá.
—Esos hijos míos… —dije, con tono de fingida censura.
Charlie, dejando caer su atractiva humanidad sobre la silla de aluminio y mimbre, se echó a reír, metiendo la cuchara en cada uno de los helados antes de atacar el suyo, recostado contra la pared.
—¿Quieren algo más? —preguntó.
—¡Pues sí! Estoy medio muerto de hambre. No alcancé a almorzar. El estudio antes que el placer, madre. Por favor, ¡la carta! ¡La carta!
A su llamado, mientras las dos hermanas salían juntas hacia el baño, una figura se apresuró hacia la terraza, extendiendo el menú hacia Charlie con cierto desdén.
Él la miró alegremente y tomó la carta.
—Bueno… comer será el placer de este momento. Y más si es un plato de pescado fresco, recién traído por pescadores artesanales de Tierra Bomba. Pediré un clásico wok.
Los tres hermanos eran curiosamente parecidos, aunque distintos en su manera de ser.
Empezaron a debatir sobre lo que depararía el nuevo año. Coincidían en que, a pesar de los acuerdos de paz, el país no tendría un buen año… pero tampoco el peor.
—¡No hablen de ese tema! —estalló Gaviota, fastidiada—. Siempre están diciendo estupideces.
Pero la conversación, lejos de apagarse, se encendió aún más entre los dos mayores.
Así era la vida de Lissa.
Y así, en verdad, parecía que continuaría: tejida entre el amor y las pequeñas riñas, entre el ruido del mundo y la calma interior que solo los hijos pueden dar.
Porque ni la soledad, ni la edad, ni la idea de los inevitables adioses lograban alterar lo esencial de su vida: ese lazo sagrado e inquebrantable que la unía a ellos.
Sus hijos le habían devuelto la vida, y el amor tantas veces negado.
Y eso —pensaba— era más que suficiente para no buscar ya otra oportunidad sentimental, antes de marcharse para siempre.
Los cuatro, en un coro de risas, siguieron discutiendo, apostando, protestando, charlando.
La diversión se volvió más ruidosa, más alegre que nunca.
Detrás de ellos, la capital se cubría lentamente con esa neblina gris y helada que anuncia la llegada de la noche.
"Toma a mis hijos en tus brazos, Padre Mío, y muéstrales Tu Gracia."
EL PORTAL de los Escribanos
A lo largo de terma ’os de tintos y empanaditas chinas, se abre un antiguo portal. Sombras simétricas dibujan formas sobre el alma de escribas, poetas frustrados, y rostros de amor sin lágrimas. Allí, todas las artes se detienen, perplejas, inmóviles. El tiempo recuerda aquel día de luz triste, cuando debiste partir de tu tierra natal por la dura sentencia del Destino. Y yo canto, canto, canto…, sin saber por qué, al otro lado de la mar Caribe, acompañada de recuerdos que lentamente se han convertido en desdén.
lunes, 28 de diciembre de 2015
¿Recuerdas aquel 28 de diciembre?
Cuando nos amábamos libres y felices,
cuando fijábamos hacia el futuro
nuestros sueños últimos e inciertos.
Aquel día me regalaste
una joya de plata
engastada en piedras turquesas,
del color del Cielo y del Océano..
Y me dijiste:
“Nada la mueve sino la fuerza del alma,
y en mí habita el deseo de custodiar su luz.”
Ante todos los dioses
juramos amarnos por la eternidad.
Y en mis sueños pensé:
“Me pertenece solo a mí,
por derecho divino y humano.”
Pero…
¿por qué tuve que descubrir
que la plenitud
y la absoluta felicidad
no son posibles en este mundo?
Bogotá,—lunes, 28 de diciembre de 2015
domingo, 27 de diciembre de 2015
Me encaminé con glotonería secreta hacia la cafetería del pueblo. Permanecí sentada entre murmullos sofocados de voces inquietas, con los párpados cerrados sobre mi eterna rebeldía.
Mi mirada cayó sobre un puñado de tomillo. Lo tomé al azar, marchando impaciente, con alas de mariposa viva aún, buscando la libertad que habita en lo invisible.
sábado, 26 de diciembre de 2015
Título: Encuentro con la luna
Fecha: sábado, 26 de diciembre de 2015
Desde mi habitación, un tanto oscura, saliendo con dificultad del ensimismamiento, me giré a regañadientes.
_ ¡Por fin! ¡Es más de lo que esperaba! _ grité.
A través de los tibios cristales, inundando cada estancia de luz sobre casas heladas y tristes, la luna parecía venir a mi encuentro, abrazándome. Ya no era extraña para ella.
Había que retratarla. Subí las escaleras, palpitando, con deslumbramiento en los ojos por ese gran bosque armonioso, resplandeciendo entero, como en una de esas iluminaciones de Pascua que parecen renacer del Renacimiento.
Palace Hotel, San Francisco
viernes, 25 de diciembre de 2015
NOCHE Y DíA - Frank Sinatra
¿Por qué este sentimiento por ti
Me sigue adonde vaya?
En el ruido del tránsito,
En el silencio de mi habitación solitaria,
Pienso en ti día y noche..."
Vaciada por dentro, salí a fumar un cigarrillo en la oscuridad de la colina lóbrega y boscosa.
En el silencio profundo, todo lo demás dejó de importar.
El tumulto de la Capital se confundió en mi presencia,
se debilitó,
se desvaneció.
Entonces surgió un recuerdo de gran valor espiritual:
la primera huella secreta del alma,
mi verdad incomunicable.
Esta noche, al evocarlo, comprendo que desde entonces
el rubor de aquel secreto no ha sido extraño a mi destino.
Incluso me revela por qué hay tanta severidad en mi sensualidad
y de qué alimento, en el fondo, vivo.
jueves, 24 de diciembre de 2015
Luna de hoy
Huellas de Luz sobre la Capital
Exaltación de una luz más intensa que el mediodía.
¿Dónde quedaron las eternas huellas de la luna?
24/12/15 — 10:10 p.m.
LUNA de anoche
Si la contempláramos por tiempo indefinido, seguiría vertiendo —a través de su mística cabellera— perfectas verdades.
A veces, la inmensidad de lo que expresa se vuelve tan misteriosa como la sordidez de la noche: rodeada de negro, la desolación del mundo.
En cualquier noche diáfana, nos señala el camino que conduce a la montaña.
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Una y otra vez, con ademán decidido —tan extraño en ella— miraba la puerta, erguida, cobrando ánimo en medio de sus temores y ansiedades. Luego respiraba profundamente el aroma del café, que le hacía brotar un brillo especial en los ojos y una sombra de color bronce en la palidez del rostro.
Tomaba el mazo de llaves, cruzaba el largo corredor volando, y, llena de rutina, se escurría por la autopista.
martes, 22 de diciembre de 2015
22 de diciembre de 2015 - EL SOL SE DETIENE
Y sucedió que, probando los caminos del infinito,
más allá del confín del mundo,
más allá de todo horizonte de la mar,
más allá de todo límite conocido y desconocido,
en la dureza de la soledad,
en la espera silenciosa,
en la desconfianza de todos,
en la confianza en mí misma,
en la visión del alma,
en la vigilia, en el recogimiento;
pero, sobre todo,
en los recuerdos,
en los recuerdos…
¿Quién no siente el frío invierno
lunes, 21 de diciembre de 2015
El refugio del piso 3007
Es diciembre, y la Capital —esa ciudad desarmónica que siempre parece ir un compás por delante— se ilumina con un fervor que intenta disimular su propia frialdad. Desde la ventana, el viento bogotano —afilado, perfumado de eucalipto— me recuerda que estoy lejos del mar y de su aliento salado, ese que tantas veces me ha devuelto la paz.
Me calcé los zapatos más cómodos. Mary esperaba al otro lado de la puerta, dulce pero firme.
—Vamos, mamá.
—¿Y ahora hacia dónde? —pregunté.
—Toma la autopista Norte. Por ahora… nada más.
En el retrovisor, Gaviotica —en su manera callada de acompañar— parecía comprender el plan sin nombrarlo. Avanzamos algunos kilómetros, y Mary dio la señal:
—Desvía a la derecha… toma la oreja del puente.
No tuve dudas. Esa ruta nos llevaba al 3007 del Centro Comercial Santa Fe: nuestro refugio lejos del mar, donde los libros abren puertas que no existen en ningún otro sitio.
Después de la pequeña guerra del parqueadero —vueltas, esperas, paciencia— encontramos un espacio casi milagroso. Subimos al último piso. Y allí estaba: la librería, con su aroma a papel nuevo y el murmullo de historias por nacer.
La mesa de chapilla comino crespo, con sus vetas como mapas, nos recibió. Caímos en las poltronas de cuero sin ceremonia, como quien regresa a un territorio conocido. Arte, cocina, moda, cómics, literatura… las manos saltaban de un libro a otro mientras la tarde se evaporaba sin prisa.
Fuera, el viento frío persistía. Adentro, el viento salado de mis recuerdos se mezclaba con el olor a tinta. Pensé entonces en la mirada del mar, tan parecida a esa forma silenciosa en que Gaviotica observa el mundo, la que nunca se desprende del alma.
No escuchamos las puertas bajarse ni las cajas apagarse. Fue la voz del último vendedor la que nos devolvió al mundo. Me levanté con una punzada dulce, mirando los libros abiertos como criaturas dormidas sobre la mesa.
—¡Mamá! —dijo Mary, turbada—. abriendo a través de sus gafas, sus lindos ojos color miel. ¿Podrías prometerme…? No importa.
Gaviotica, en su discreción habitual, enrojecía ligeramente, respirando el silencio.
Ellas saben que hay promesas que no se dicen: se cumplen volviendo al lugar donde el espíritu respira mejor.
domingo, 20 de diciembre de 2015
La luna es testigo de mis noches más frías...
Río de luna, más de una milla de ancho
Te voy a cruzar en estilo algún día,
Viejo creador de sueños,
Destrozador de corazones ...
Adondequiera que vayas,
Yo sigo tu camino.
Dos vagabundos, para ver el mundo
Hay tanto mundo para ver
Los dos buscamos el mismo arco iris
Que nos aguarda al final de la curva ...
Mi fiel amigo,
El río de luna y yo.
Bien sabía ella emular a la mujer casta,
como un velo de muselina usado de quitasol.
Aunque en su mente,
y bajo la envoltura de su piel,
se le escurrían a hurtadillas
placeres y aromas.
Su gracia era deleite
en el juego de camaraderías
y en las íntimas uniones fraternales
con sus amigos.
Luego volvía a sumirse
en el remolino sutil
de sus envolturas tristes:
azurita y grises.
Dedicada a ser desconocida,
diáfana,
como el espejo donde se mira su melancolía.
¿Quién podrá adivinar
lo que de ella ha querido esconder?
sábado, 19 de diciembre de 2015
Entrando a casa, veo a Charlie coger la guitarra española entre sus dedos morenos.
La había comprado en el taller Felipe Conde,
cien años de guitarras hechas con alma.
Y lo vuelvo a ver:
aquellos días terribles de su viaje a Europa,
cuando la excursión del colegio se dispersó en Madrid
y, de un momento a otro,
dejé de tener noticias suyas.
—¿Qué te dije, mamá? Ya no soy un niño. Debes confiar en mí.
Su pausa me atravesó.
Miré la guitarra, y pregunté con una calma imposible:
—¿Con qué dinero pudiste comprarla?
Salimos del aeropuerto. Él, sereno; yo, hecha un torbellino.
—Después de esos días sin llamarte —dijo—,
me dijiste que papá enviaría dinero
para que saliera del hostal de mochileros,
esa “pocilga” llena de ratones que imaginabas.
Pero no me fui al hotel de cinco estrellas, mamá.
Me quedé allí.
Lissa se quedó sin habla.
El corazón acelerado.
Una oleada ardiente en el rostro.
Todo púrpura.
Entonces él la abrazó,
le besó la frente,
y el torbellino se volvió neblina azul.
Y nada más importó.
A pocos metros, por el camino entre orillas herbosas pobladas de laureles, corre un claro de florecillas blancas. A lo largo de la franja de hierba aparece una zona de tierra arada para el cultivo de papas, mientras los pájaros vuelan bajo, arando sin arar.
A lo lejos, diviso a un campesino gris, más pobre que el apóstol Pedro Claver de la obra literaria "La esclavitud de Pedro Claver" de Vladimir Marinovich: pantaneras rotas, pantalones parchados, ruana desgastada, mochila vacía y sombrero de paja. La Oda del ruiseñor lo acompaña, cantando la vida y la muerte. Por un instante, levantó el rostro demacrado al cántico de la criatura de Dios, y pareció llorar. Era de un solo color sepia, aquel campesino de los Andes, con su divina miseria.
viernes, 18 de diciembre de 2015
Los desterrados han consagrado su destino a la ciudad que les abrió sus puertas.
Declina la tarde
Miles Davis - John Coltrane
Trompetista y compositor de jazz estadounidense, una de las figuras más influyentes en la historia del jazz, junto con artistas como Louis Armstrong, Duke Ellington, Charlie Parker y John Coltrane.
Floralía
que me conduce hacia los abriles,
a través de hojas de profundo canto,
hacia las flores que respiran.
¡Mira esta florecilla!
No es blanca, sino oscura.
No es de lino, sino de seda.
Está vestida de luto:
lleva luto.
Es la flor de la ternura.
Su perfección es fugaz.
Un abejorro devoró su corazón.
Hay que inclinarse
y besarla.
Misterio de la naturaleza:
puede convertir un jardín
y una flor
en una sola tristeza,
como esos eucaliptos plateados
que, con sus aromáticas ramitas,
tiemblan bajo el viento
de la montaña azul.































