¡Oh Resplandor de Oriente!, no podrás ver jamás, nada
más grande y temible sobre el bosque fatal: La masa frenética de la Capital herrumbrosa
que se adentra en el corazón de los Andes, se juntan allí y se fecundan, para
hacer fluir Espíritus inmundos de la naturaleza humana. Desde la sombra del hombre
agrio, mordaz, con fangosa boca que borbotea y amenaza avanzando sobre la zanja
de aguas turbias, a las coléricas blasfemias de demonios que dibujan el medio
ambiente con siniestra rojez. Ella no aparta la mirada, con ojos muy abiertos ve,
lo que pronto se convertirá en terrible visión.

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