viernes, 30 de junio de 2017




Tenla en la memoria

¿Qué futuro habrán contemplado los profetas de ligeras vestiduras, 
tendidos sobre las colinas día y noche como centinelas?


Tengo a veces la sensación de mis íntimas lejanías. Una parte de mí duerme aún un sueño profundísimo que me revela, en ciertas noches, señales no interpretadas. En tales andanzas divagaba mi espíritu, en una especie de duerme-vela, donde la imagen de mi abuela como enorme masa de alma, expresaba una grande e indefinible ansiedad. Un ser que parecía mezclarse a la vida, alternando con sombras flotantes al ritmo de mis pensamientos y perplejidad, alternando no sé…, no sé qué vidas pasadas y qué miedos.  Tengo miedo ¿Debo vencer este miedo? ¿Y quién me asegura que me volveré más fuerte?  

Pues bien: cuando sus ojos se abrieron en los míos, el más humano temblor descompuso los rasgos de su rostro espiritual. Luego encontré el aliento suficiente para formular las preguntas, deteniéndome a la muda conversación de su mirada. Entonces, su llanto fue más fuerte que la conversación. ¿Un ser que parece no tener ya rostro tiene aún tantas lágrimas? Aquel sollozo senil, desgarrador como la súplica de un niño era como la voz de mi tragedia de soledad y muerte convertida en voz silenciosa de aquel ser incógnito contenido en mí, como cuando uno solo es multitud y un rostro es como mil.

De pronto las manos de ella estrecharon las mías, sentí su hielo y, sin embargo, conocí un nuevo extremo hasta entonces desconocido porque me sentí besar sus manos, hasta que un torbellino brotado del suelo de aquella habitación tranquila, nos separó. Luego, en la noche sin caminos, todo aquello se entregó a una precipitada fuga que traspasó el umbral del fatal espejo dejando a la zaga a la interlocutora silenciosa de mis diálogos y ese olor a lágrimas de resina, incienso y bálsamo.

Distante y próxima, me sigue espiando a través del espejo de cristal lúgubre,  entre la lámpara, la mesa y la noche, con su mirada atenta, y sus manos llenas de dones encerrados. Lo sé. Algo lejano e inviolable hay en ella, como si el cristal del espejo la protegiera, como si una gran sombra velara su certeza, y, sin embargo, yo te reconozco...

Me encuentro apagada y oprimida. Rara vez mis raíces experimentaron una sacudida tan dolorosa ¿Podré obtener de mi alma la conversación silenciosa de lo que para ella es deshonroso? ¿O no lograré nunca que ella me vuelva a decir lo que allí hablamos?


No morirá. Está en el instante y en la eternidad… Hoy, mañana y siempre.



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