Paraíso
_ ¡Aquí lo tenemos! _dijo interrumpiéndonos, echando atrás el asiento y quitándose su alegre chaqueta azul: “Lago Tabacal”.
Nidia y yo nos miramos. Y yo, llena de un asombro
sagrado, no pude más que abrir la puerta del auto y posar mis pies con
delicadeza sobre ese paraíso eterno, abrir los ojos en un puro espíritu, y
unirme a aquella imprevista belleza. "¡He visto lo que quizá muchos vieron jamás!", me dije, y por unos instantes, no supe más. Y luego, pensé: “Ciertamente soy afortunada en mi sacrificio y en mi dolor. Creo
en los milagros”.
Aún lo recuerdo:
De pronto, el camino hacia el lago se abrió en una soberana belleza resplandeciente. Las aves comenzaron a entonar un coro de cantos desconocidos, que yo, no solo percibía con mis oídos sino con la cima del alma. Nos bajamos del auto… quedando todos con la mirada fijos en el paisaje irresistible, mientras las avispas volaban, ebrias y soñolientas por los cálidas ciruelas rojas que estallaban maduras.
De pronto, el camino hacia el lago se abrió en una soberana belleza resplandeciente. Las aves comenzaron a entonar un coro de cantos desconocidos, que yo, no solo percibía con mis oídos sino con la cima del alma. Nos bajamos del auto… quedando todos con la mirada fijos en el paisaje irresistible, mientras las avispas volaban, ebrias y soñolientas por los cálidas ciruelas rojas que estallaban maduras.
Cuando volví a prestar atención, a este punto, Nidia interrumpió entonces, con un ligero movimiento de impaciencia y dijo:
_Escucha lo que te diga este guía turístico de rutas verdes_ .
Di un salto minúsculo y me giré hacia ellos.
_Escucha lo que te diga este guía turístico de rutas verdes_ .
Di un salto minúsculo y me giré hacia ellos.
_El plan es el siguiente_ lo dijo muy serio_. Te trajimos
aquí porque te necesitamos.
_ ¿A mí? ¿Para qué?_ me incomodé.
_Verás, _ y cuidadosamente me contó de qué se
trataba todo ese asunto dándome instrucciones hasta del último detalle para la
aventura de aquel día. Así que ya sabes por donde van a ir las cosas…
Y fue así como la opción de quedarnos en aquel lugar quedaba definitivamente eliminada.
Y fue así como la opción de quedarnos en aquel lugar quedaba definitivamente eliminada.
_ ¿Aquí, no? _ Les interrumpí_. ¿No podemos saltarnos
esa parte de tener que ir hasta la casa?
_Pues no, doctora, vinimos hasta aquí solo para hacer un poco de ejercicio
de calentamiento y estiramiento, ya que tuvimos la suerte de que, todo este largo trayecto, cómo pudiste comprobar, transcurrió por carretera asfaltada y ahora tomaremos la trocha de piedra_.
_Creí que pasaríamos
el día aquí, rodeados de vegetación y
pájaros_ comenté aguantándome la risa.
Luego
nos dirigimos a la casa por caminos tortuosos, pero lo que parecía una
instrucción definitiva era para mí, algo que no entendía o, lo que es lo
mismo, tenía que tratar de averiguarlo directamente en el sitio.
Mientras cambiaba de postura en el asiento de atrás,
volví a cerrar los ojos, pensando que lo mejor sería entregar las riendas a la
vida en lugar de llevarlas yo, mientras iba abriendo los ojos conforme mis
amigos me contaban sobre sus planes y proyectos.
Atravesamos el umbral encontrándonos en un patio de pequeñas dimensiones en el que había altas palmeras y un templete
en miniatura que cobijaba la figura de un buda en contemplación. No dejó de llamarme la atención el hecho de
que, todo el complejo de pequeñas casas tuviera un marcado aire zen rodeado de muros de piedra y cercado de bamboo.
_Aquí están las casas. Aquí la puerta. Y aquí las escalinatas. ¡Sigue adelante! ¡Sigue!_. Hizo un gesto con la mano indicándome el camino.
_Bajen ustedes _dijo Nidia_. Yo tengo cosas que hacer.
Durante más de una hora, con inmensa paciencia,
deambulamos arriba y abajo, revisando e inspeccionando todo, para, al final,
decidir lo que haríamos, luego de estudiar las incontables propuestas que a mi
paso se me iba ocurriendo. Al final, solo nos quedaba examinar la excavación
sobre la piedra, que se situaba en la zona cercana a la entrada principal y en
donde se proyectaría la ampliación de aquellas edificaciones.
Para cuando estábamos terminando nuestra inspección, junto a los obreros, Nidia bostezando tiró al suelo la corteza amarilla y vacía de un mango y se volvió para recoger las gafas y dirigirse hacia nosotros. Con sombrero
de paja, vestida de camisas a rayas azulitas y blancas, con sus grandes
pendientes de plata y turquesas, se quedó inmóvil por un momento con la mano en
la cadera, contemplándonos, para luego encaminarse hacia nosotros. Él le aseguró, que mi asesoría estuvo perfecta
para la obra de construcción que se realizaría en aquel lugar.
Luego ella me llevó de la mano hasta la terraza de la
piscina; y me dijo:
_Pasa, el almuerzo está servido. Sonreía. No miré su
sonrisa materna que acompañaba esa palabra, porque ya la conocía en su aspecto
fugaz resplandeciente, como si la boca al sonreír, se dispersara en los límites
de la hospitalidad de pocas personas que lo hacen de corazón y de un amor, incondicional.
Azul celeste, dorada, aérea, cálida, nevada, confundida con
las nubes resplandecientes, en su altivez taciturna, como el aire y el agua que hace buena toda cosa, que hace sencilla toda cosa. Esta montaña que se había convertido en colina, fue para mí
como una iniciación a la bondad de Dios.
En cuanto esta aventura terminó, la vida tornó a su cauce; volví a mi casa para enterrarme entre mis libros, mi rutina, mi trabajo y todo fue como antes.
En cuanto esta aventura terminó, la vida tornó a su cauce; volví a mi casa para enterrarme entre mis libros, mi rutina, mi trabajo y todo fue como antes.
Ocho de febrero de 2017. La Vega, colina del Paraíso.

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