domingo, 19 de marzo de 2017





Diecinueve de marzo


El brillo de las briznas de hojas secas en el polvo, levanta pensamientos luminosos en mi mente. Es como si mi hijo volara sobre los mundos ideales donde la vida adquiere un ritmo desconocido, como si corriera en los torbellinos más peligrosos, en los caminos anchos como ríos verdeantes de hierbas y sembrados de rocas, grabando aquí y allá sus huellas que bajan desde las alturas como esos rebaños que van hacia las llanuras mientras las alegrías y las tristezas cantan por senderos desconocidos.

Una frescura secreta e inalterable persiste en el centro de su fuerza y juventud.  Alegre, íntegro y pleno, cuando lo contemplo, es también mi alegría en medio de mis descansos y trajines. Mi alma como madre se liga filial a su destino sobre el cual, he vertido desde su cuna, la sutil esencia de todos los mimos y cuidados.

Verte crecer de manera armoniosa, amando la vida y lo que es justo, es mi deseo profundo, hoy, en tu cumpleaños. Aunque no comprendas mis palabras, ellas llevan el anhelo silencioso y constante de mi corazón. 

Padre Eterno, permite que su corazón se incline siempre a la justicia y la paz. Que su vida sea un canto de bondad, un refugio de amor, un ejemplo de luz entre las naciones. Protégelo de las trampas que le tiendan. Abre tus cielos. Y te ofrezco lo que hay de divino en él. 


Con todo mi amor, siempre, 

Mamá

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