Diecinueve de marzo
El brillo de las briznas de hojas secas en el polvo, levanta pensamientos
luminosos en mi mente. Es como si mi hijo volara sobre los mundos ideales donde
la vida adquiere un ritmo desconocido, como si corriera en los torbellinos más
peligrosos, en los caminos anchos como ríos verdeantes de hierbas y sembrados
de rocas, grabando aquí y allá sus huellas que bajan desde las alturas como
esos rebaños que van hacia las llanuras mientras las alegrías y las tristezas
cantan por senderos desconocidos.
Una frescura secreta e inalterable persiste en el centro de su
fuerza y juventud. Alegre, íntegro y pleno, cuando lo contemplo, es
también mi alegría en medio de mis descansos y trajines. Mi alma como madre se
liga filial a su destino sobre el cual, he vertido desde su cuna, la sutil
esencia de todos los mimos y cuidados.
Verte crecer de manera armoniosa, amando la vida y lo que es justo, es mi deseo profundo, hoy, en tu cumpleaños. Aunque no comprendas mis palabras, ellas llevan el anhelo silencioso y constante de mi corazón.
Padre Eterno, permite que su corazón se incline siempre a la justicia y la paz. Que su vida sea un canto de bondad, un refugio de amor, un ejemplo de luz entre las naciones. Protégelo de las trampas que le tiendan. Abre tus cielos. Y te ofrezco
lo que hay de divino en él.
Con todo mi amor, siempre,
Mamá

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