
Meditando en pastel achocolatado
Hay días en que la mente pesa,
hecha de planos, vigas y porcentajes.
El alma, cansada de medir,
busca refugio en lo leve —
en un pastel achocolatado de pensamientos suaves,
donde todo vuelve a ser dulce, tibio y posible.
Allí, entre lo etéreo y el silencio,
cierro los ojos
y dejo que todo se derrita:
los miedos, las prisas, las vigas del día.
Solo queda ese aroma oscuro y dulce,
que reconcilia al corazón con la ternura del mundo.
No hay planos ni medidas,
solo el rumor de un mar paciente
que sabe esperar.
Y entre su espuma leve,
recuerdo que también fui brisa,
que puedo ser color,
que la vida deja de tener aristas,
y el espíritu se desliza,
como la brisa sobre el mar de Marigold.
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