martes, 7 de julio de 2020



#Cuarentena 





Me disipo sobre mi dilapidada vida

Me parece divisar, de nuevo, el bolero en marcha.
Los rascacielos, las calles, las avenidas, los cursos de agua,
los grupos de casas, las familias de árboles.
Rebaños dispersos aquí y allá, agazapados
sobre pastos verdes inexplicables.

Atravieso la Sabana —sus paradas, su soplo leve—.
Busco una catedral de sal,
no con los ojos de entonces,
sino con el espíritu que ahora ve sus formas,
sus espacios, sus colores azules y magenta,
sus olores a gruta: tanta ensalzada belleza sin belleza,
y el viacrucis sin milagro.

El viento afuera es frío.
Estoy a 2.600 metros,
siento la avidez de la montaña, el pueblo ansioso.
Cierro los ojos para captar
la última figura de luz en el misterio de la mente.

Hasta que tenga aliento,
lo saboreo todo en un solo segundo,
y lanzo ese sonido de pito de tren detrás de mí,
como mi nada,
al olvido. 



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