lunes, 2 de mayo de 2016




Entonces, en una casa blanca frente al mar, ella solía escapar cuando su espíritu era brasa de pasión infatigable, como uno de esos pelícanos que se sumergen a gran velocidad batiendo sus alas contra viento y marea para luego elevarse en vuelo confundiéndose entre el murmullo del mar y las gaviotas.


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