Hoy, con mis furias, tristezas, angustias, iras, desesperanzas
y con toda mi bilis revuelta, renovaré el verde. Y que sea un verde más dulce
que aquel llamado “esperanza”. Incluso, transformaré la amargura de mi hígado en
pureza de mi corazón. No importa. Sin compensación ni sueldo cortaré el nudo de
mi destino, enredado por la opresión y el dominio de otros. Y si yo accediera a
pedir a la fortuna algo para mí que ha concedido en abundancia a toda clase de
falsos y corrompidos, no le pediría más que perpetuar en mi alma las cadencias de
esta entrega mía.

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