jueves, 21 de mayo de 2020





#Cuarentena

‘MonopolY’

Lloviznaba. Me oprimía la tristeza de un ocio forzado, el tedio de la inútil espera, la angustia de un deseo lacerado y agonizante, la mezquindad de la clase política contra un pueblo sumiso, permisivo y tolerante. Todo el ambiente del barrio había cambiado; su aire agitado, desbordante de autos, ruidoso, se había transformado en una tristeza narcotizada, medio apagada y misteriosa. Los pájaros escarbaban sobre los eucaliptos. Meditando en la prueba, de pronto, tuve delante de mí, sobre el escritorio, las fichas del "monopoly"

_ ¡Vamos a jugar! 

La súplica fue tan extraña, que por un momento titubeé. La vi tan emocionada y, no pude menos que mirarla y ver el mundo a través de sus ojos celeste: generosa, impulsiva, infantil, a veces irritada e impaciente.  ¡Se parece tanto a su padre!

 _¡Ah! ¿Quién juega primero? _me eché a reír y la rodeé cariñosamente con mi brazo. 

, tira los dados, la tirada más alta comienza. _Me respondió mi queridísima hija Gaviota, mirándome feliz, con sus ojos diáfanos.

Cada una escogería un token colocándolo en “SALIDA” y una tarjeta débito cargada con millones de dólares, mientras avanzas alrededor del tablero, comprando la mayor cantidad de propiedades. No solo puedes comprar  conjuntos de casas, sino también hoteles, parques, plazas, avenidas, o ser propietario de ferrocarriles y compañías de agua, de electricidad y hasta de muelles. Dulce fantasear:

_ Si caes en una propiedad, ferrocarril o servicio público, puedes comprarla. ¿Deseas comprar?

_ ¿Yo? _ le respondí con la voz ronca y confundida. ¿Qué puedo comprar?

_ Todo,  _ respondió entonces con un tono de voz inocente, casi infantil. _Paga al banco el precio que se muestra en la casilla y toma tu Título de Propiedad.

El juego mágico de la fortuna transfiguraba nuestro encierro y nuestra estrechez en un arca comunal de Títulos de Propiedad donde podías comprar, vender, hipotecar o intercambiar propiedades.

_¡No puede ser verdad! Eso implicaría ser una famosa de Hollywood, participar en Reality Show, viajar como heredera en avión privado y quedarme en los hoteles de mi propiedad, una, dos, tres noches, quizá... jugar en los casinos, promover mi libro en el noticiero de la mañana,  ¡Qué juego! nunca lo hubiera imaginado.

_ Tira los dados otra vez, .  _encogió sus hombros rebeldes, frunciendo el ceño, mientras sonreía medio molesta, medio divertida, por mis comentarios.  

_Parada libre ¡Calma! No pasa nada malo, ni bueno tampoco. _me dijo con severidad.

El juego continuaba en el sentido de las manecillas del reloj, mientras me quedaba mirando sus ojos resplandecientes. Seguía jugando y gritando alegremente. Eran los ojos de mi padre, aquellos ojos antaño, vivaces, alertas, resueltos, pero que para entonces, eran los ojos de un hombre que parecía haber observado demasiado la vida y hallándola inútil, decidió abandonarlo todo.

De pronto, en vez de mover mi token, glamorosamente sobre un hotel, el bello rostro sonriente de mi hija me interrumpía severamente:

_ ¡Vete a la cárcel! ¡De inmediato! Ya no puedes cobrar más dinero. Tu turno terminó. Pero, no te preocupes, puedes seguir cobrando las rentas, subastar, negociar.

_ ¿Cómo salgo de la cárcel? _ pregunté sorprendida.

Los delgados labios de Gaviota formaron una línea obstinada.

_ Tienes 2 opciones: Puedes obtener el perdón presidencial o pagas una multa, que es lo mejor que puedes hacer, después tiras los dados y avanzas. 

Luego de haber salido de la cárcel, y, muchas horas después de seguir pagando impuestos sobre ingresos, impuestos sobre posesiones de lujo, subastas, hipotecar propiedades, pagar hipotecas, hacer millonarias donaciones a los pobres, en fin, lancé los dados de la fortuna, faltándome las palabras en el momento de ver, de mala gana, los resultados; al tiempo que mi hija, medio divertida, dirigía su mirada por encima del juego,  ante mi expresión de socorro.

_ Pasa, que...,  ¡No puedo pagar! _irrumpí con súbita y colérica alarma. 

_Si no tienes suficiente para pagar tus deudas, , estás en bancarrota y ¡quedaste fuera del juego! Regresa tus propiedades al banco, para que de inmediato las ponga en subasta. Entrega todas las tarjetas y colócalas al final del montón. 

_¡Soy la ganadora! 

El triunfo fue infantil, pero breve. Coincidiendo con mi derrota, se dejó llevar por la llamada de la hermana mayor, quien ejercía una profunda influencia sobre ella. Ambas, como colegialas, resonaban por la casa corriendo hacia la cocina. Al cabo de unos momentos, reapareció sonriente y agitando un helado como si se tratara de un trofeo. 




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