#Cuarentena
El otro lado del sueño –
Un suspiro inmenso me recibió al despertar.
El día parecía radiante, lleno de energía, un día de libertad.
La Capital seguía acechando,
jungla humana al servicio de un capitalismo salvaje,
tejiendo sus telas de araña con enormes tenazas que aprietan y no sueltan.
El gobernante confiaba en nuestra rendición,
olvidando que hay en nosotros la obstinación de vivir,
esa fuerza antigua, fresca como la esperanza,
que se aferra al corazón incluso frente al dolor.
Quisiera el don de José en Egipto,
para interpretar sueños y descifrar aquel que me oprimía:
Los astros brillaban sobre el mar, sobre los mástiles de los barcos.
Me preguntaba cómo salir de aquella playa oscura.
Sola, completamente sola, escuché una voz:
“¡Corre! ¡Corre!”
La mujer vestida de blanco, refinada, arcangelizada,
era la única guía entre la densa oscuridad.
Mientras corría, la capa negra que me envolvía se volvía más pesada, más oscura.
No sabía si avanzaba hacia ella o hacia el mar embravecido.
Dos noches después, los informes confirmaban la amenaza:
un virus que navegaba los mares y volaba en alas de acero.
La voz del otro lado dominaba el miedo y el encierro:
“¡Corre! ¡Corre! Mantente en casa, defiéndete, contra todo y contra todos.”
Hoy, en la novena semana del exilio pandémico,
seguimos vigilantes, cautelosos,
pero un hilo de belleza resiste,
un hilo de libertad que no puede ser apagado.
Mil y una historias me recordarán siempre,
que mis sueños tuvieron alas de cristal.

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