En la incertidumbre de eternizarse, permanecían allí llenos de
silencio. El oro del amanecer, con un resplandor más allá del continente que
cerraba el horizonte de la bahía, parecía comprenderlo y, pudo haber sido
también la bahía salobre acercar sus labios como al borde de una copa de vino
dulce, pero sin que se abrieran sus labios y abrazara aquella desdicha. Pocas
oleadas bastaron para deshacer aquella unión que se diluyó dulcemente sobre la
bahía de BARBACOA
Y le agradó estar sola y emprender el
largo camino de un destino reducido a su pequeño dominio rodeado de
la MAR VERDE

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