lunes, 7 de septiembre de 2015

No la mía. Otra.


Hubo un tiempo en que la gente necia creía, y se complacía en repetir que yo sonreía demasiado y con excesiva cortesía.  Y no advertían que simulaba con frecuencia la sonrisa, para que no supieran cuando sonreía de verdad. Estoy segura de que mi respuesta desanimará a todos los que miran hacia mí: La mía era una de esas asqueadas sonrisas que recubría la profunda sonrisa, la que se refugiaba en el dolor, llena de fatiga y de rabia.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario