¿A dónde vas?
Mañana o dentro de tres días, estaré en la acostumbrada hostil distancia, pero entretanto, camino escuchando el sonido escénico de las olas del mar. Más adelante iré a la montaña fría y escarpada, y comeré ajiaco santafereño junto a mis hijos.
Hoy, son innumerables los recuerdos que no corresponden a
ningún sentimiento real: La fidelidad.
¿Acaso no fueron falsas las cadenas que arrastré por amor? Más bien,
cuanto más amé, cuanto más amé con locura, estuvo él decidido a rebelarse como
amante fiel, esa casta inexistente repleta de mentiras confusas y difusas que hace lascivo la consagración y el fresco sentir de todas las cosas delicadas y deliciosas del amor: la ternura de acercar la boca a un cuello sacudido de relámpagos nerviosos o la delicadeza de la mano bajo el vientre escurridizo. Todas, cosas que parecen encantarle a cualquier pareja fiel por amor, y también por el arte de amar hasta la locura, en los más alocados sueños y placeres.
¿Infiel
por amor? ¿O más bien, el
torbellino demente de la infidelidad, capricho de un secreto seductor, tan ligero de paso, dará pureza al amor y riqueza a la pasión?
Quise terminar, decidida a rebelarme contra los abusos de la mala suerte. Sin embargo, una vez más, me abandona el deseo de volver a amar en medio de
un mundo disminuido de valores.
Con esto basta.

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