sábado, 4 de junio de 2016

16 horas


En la noche del 29 de mayo, dormí como por tres días, sin sobresalto, recargando mi cuerpo de toda la energía y de los más dulces sueños. Esa noche: 

"Pasaste como una visión en esta parte del mundo,
Libre como un alma,
Parte de amor y parte de placer". 

Los días anteriores, mañana y tarde, inclusive la noche, con ánimo firme, acompañé a mi hija, que durante meses, sin conocer pausa ni límite, perseveró en sacar su Tesis de Grado adelante. Ardua tarea, fue su esfuerzo bajo la llama de la pasión y de la fe, de la voluntad y del espíritu, que imprimió en las obras artísticas, en medio de un largo período de duras pruebas, corrigiéndola tantas y tantas veces, preparándola y ejecutándola con exaltación y belleza. Constancia que fue coronada con pleno éxito, gracias al gran empeño, a la emuná extraordinaria, a la preparación paciente y consciente de cuantos tomaron, de alguna manera parte en su desarrollo, y gracias también a su disciplina.


Por todo eso y por el ánimo con que se preparó, le fue posible vencer las adversidades, las caídas y los obstáculos. Finalmente, todo terminó en triunfo y celebración sobre los ilimitados dominios del cielo, con nota de tesis laureada.

Insuperable, fue el resultado de su sacrificio.

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