martes, 14 de junio de 2016






Hotelito Perdido
Aquí, hace demasiados años, duros años, que al recordar, mi pecho se llena de pena y de melancolía. No olvido, pasaba por aquí con frecuencia, engañando la tristeza en lo desconocido del alma.

Hoy, aunque feliz de encontrarme de nuevo en esta isla, lejos de las frías montañas, estoy desilusionada, inquieta descontenta, furiosa; pero siempre dispuesta para ser una vez más ese silencio azul que llevaré ardiente a la fría Capital, que me espera, el verdugo de mi exilio, en donde no puede sufrir más, la dureza de la soledad.

Ahora, en el deseo de caminar hacia los cotidianos encuentros, hacia los soplos matutinos de la mar, mientras camino hacia el Sol del Este, me vuelvo y veo blanquear doseles blancos en el horizonte. Me parece volver a la época en que llegaba de improviso a mi casa playera, a las bella bahía de Barbacoa, donde debí gritar y agradecer en explosión de alegría, y nunca lo hice: 

"¡Dios cuanto te amo!"

Definitivamente el paraíso está en la infinita delicadeza de las cosas naturales; en el milagro del arco iris donde no sabes descubrir el paso de uno a otro color; en los cangrejos azules que hacen sus cuevas en la arena de la playa;  en la embriaguez de ese arroz con coco titoté...

¿Hay quién esté a punto de asesinar también la dulzura de ese paraíso?

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