martes, 19 de julio de 2016




¿Algún alma gentil la recuerda?

Estoy sentada en un café de La Capital. Me siento inundada en llanto, dentro de mí. Entorno los párpados y la veo a ella que tiene en sí, la eternidad radiante.

¿Qué es ese misterio?

Hace más de 20 años, me despedí de mi madre muerta y de mi tierra natal. ¡Mi madre! Una pobre mujer  acobardada, herida, adolorida, que quiso Di-s quebrantarla y someterla a la aflicción.

El recuerdo de aquel desgarramiento espantoso, de gran dolor, en el que entro, como en la prueba cuando lo necio de mí me arrojó a la oscuridad, parece aún ampliar los límites de mi sufrimiento.

¿Cómo puedes, madre, hacerme morir de nuevo así, hoy día del aniversario de tu fallecimiento? Fue un 19 de julio de 1994.


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