¿Algún alma gentil la recuerda?
Estoy sentada en un café de La Capital. Me siento inundada
en llanto, dentro de mí. Entorno los párpados y la veo a ella que tiene en sí,
la eternidad radiante.
¿Qué es ese misterio?
Hace más de 20 años, me despedí de mi madre muerta y de mi
tierra natal. ¡Mi madre! Una pobre mujer acobardada, herida, adolorida, que
quiso Di-s quebrantarla y someterla a la aflicción.
El recuerdo de aquel desgarramiento espantoso, de gran dolor,
en el que entro, como en la prueba cuando lo necio de mí me arrojó a la
oscuridad, parece aún ampliar los límites de mi sufrimiento.
¿Cómo puedes, madre, hacerme morir de nuevo así, hoy día del
aniversario de tu fallecimiento? Fue un 19 de julio de 1994.

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