¿Se siente el buen tiempo?
Es aquí donde vivo mi espiritualidad.
Es aquí donde mis pesadillas reviven.
Es aquí donde he llorado, luchado, esperado en
vano.
Es aquí donde mis penas resurgen de la profundidad del
mar.
Es aquí donde la furia de la ola acompaña mis
pensamientos.
Me adormezco. Me da el sol en la cara. Distingo a
través de la transparencia de mis párpados, a un hombre siniestro, mal afeitado,
con fuertes hombros contra el cielo, ríe frente a mí, aguzando su mirada de
rapiña, con ardor. A cada movimiento, se tantea, se examina, se palpa, se
acaricia, casi se empuña escrutándose como si quisiera apaciguar a un animal salvaje
impaciente por largarse. El miedo me invade. El alma está en tensión, como el
oído. El nublado es tan denso que no logro descubrir quién es. Ni una luz, ni
un ruido, ni un vestigio humano. No está encendida ninguna ventana. Se arrima
más. Las órdenes las da con la voz, de extremo a extremo. Son las doce y cuarto
de la madrugada. Mueve la cabeza con insistencia y se vuelve bruscamente, se escucha
entonces la risa fuerte agitar los anchos hombros. Los segundos parecen
eternos. Se escucha la fiera de su hocico que husmea contra el blanco alcanzado,
sin cesar de descargar rabiosamente la caña en movimiento. Se escucha de nuevo
el gran forcejeo, como cuando un cachalote viene a encallar, en un bajo: resopla,
jadea y sacude. Soy de metal. La carga explosiva está sobre el cuerpo, alcanza
el blanco en el punto secreto, rompe la red, pasa a través del desgarre y
estalla. Calma y silencio. El hombre no está más. Han pasado muchos años de
medianoche.
Siento que mis pies se enfrían. Se ha levantado un
vientecillo de poniente. El cielo está desierto y pálido. La monotonía se
prolonga. Abro los ojos. Tengo que obligar mi espíritu a esta realidad, para
poder sanar sobre el hilo tenso del peligro, mi tristeza silenciosa; hasta el
punto que la noche me parece ofensiva y enemiga. Ahora el silencio es mi timonel. Siento mi
cuerpo en paz. Es como el pulso
tranquilo de un árabe que se hubiera pasado la vida fumando y dormitando
adosado a un muro blanco.
¿Qué tiempo tendremos dentro de unos años? Si tuviera que volver atrás, perdería la vida.

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