miércoles, 27 de mayo de 2015

embellecer la MITZVá

He sentido caer el acre del etrog. Lo he sentido a través del peligro inmenso de la noche Caribe después de haber despertado en la laberíntica Amurallada Ciudad, presa en el crepúsculo marchito de Ishkarya. Es cierto, es cierto amigo. Es cierto lo que decretaron los profetas… Pero, no existió más que un pecado mortal, uno solo. No existió  más que una transgresión imperdonable de la Ley de Dios, una sola. ¿Y me preguntas cuál?: Caer en la desesperación de mí misma. En la oscuridad siniestra de la desesperación.  Luego, la muerte que parecía preferible al peso de esa abominación.  

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