“De aquí no se pasa”
¡Déjame pasar, soy Lissa…!
En este tono he hablado,
una y otra vez,
en el rezo
de los desterrados,
bajo la mirada de los vigilantes arcángeles,
la
perpetua escolta de honor
del Di-s del Cielo.
Con la cabeza hacia abajo,
desde hace muchos años,
sigo el fin,
y hacia el final voy,
delante de mi destino, s
in mancha y sin temor.
¿Qué más puedo hacer?
Pues bien, que me contente
con ser bien o mal administrada
por un consejo de ángeles,
sino puedo elevar mi voz creadora...
si el esfuerzo es emparedado,
¿de qué me
sirve?
Me considero una creadora de mundos.
Pero ¿es
realmente necesario
que el esfuerzo obstinado,
de días y días,
meses y años,
más allá de mis
fuerzas,
expire con los obstáculos del camino,
el sol de frente,
el viento de
la tarde,
la densa oscuridad de la noche,
sin poder
ver hacia dónde voy?
Aunque me siento quebrantada por la dolencia,
más no
mermada,
de nuevo parto ahora,
con una voluntad de rebeldía,
de creatividad,
que levanta en mí
un sentimiento de libertad,
de amor a la vida,
a la generosidad,
al triunfo,
con
mi corazón de creyente,
con mis manos de luchadora.
No sé si mi rostro esté pálido o encendido.
Pero
de lo que sí estoy segura,
es que arde en mí, un deseo,
mi deseo.
Yo iré delante:
Él, primero.

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