lunes, 17 de octubre de 2016





“De aquí no se pasa”
¡Déjame pasar, soy Lissa…!

En este tono he hablado, 
una y otra vez, 
en el rezo de los desterrados, 
bajo la mirada de los vigilantes arcángeles,  
la perpetua escolta de honor 
del Di-s del Cielo. 

Con la cabeza hacia abajo, 
desde hace muchos años, 
sigo el fin, 
y hacia el final voy, 
delante de mi destino, s
in mancha y sin temor.

¿Qué más puedo hacer?

Pues bien, que me contente 
con ser bien o mal administrada 
por un consejo de ángeles, 
sino puedo elevar mi voz creadora... 
si el esfuerzo es emparedado, 
¿de qué me sirve?

Me considero una creadora de mundos. 
Pero ¿es realmente necesario 
que el esfuerzo obstinado, 
de días y días, 
meses y años, 
más allá de mis fuerzas, 
expire con los obstáculos del camino, 
el sol de frente, 
el viento de la tarde,  
la densa oscuridad de la noche, 
sin poder ver hacia dónde voy?

Aunque me siento quebrantada por la dolencia, 
más no mermada, 
de nuevo parto ahora, 
con una voluntad de rebeldía, 
de creatividad, 
que levanta en mí 
un sentimiento de libertad, 
de amor a la vida, 
a la generosidad, 
al triunfo, 
con mi corazón de creyente, 
con mis manos de luchadora. 

No sé si mi rostro esté pálido o encendido. 
Pero de lo que sí estoy segura, 
es que arde en mí, un deseo, 
mi deseo.


Yo iré delante: 
Él, primero



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