Y, volteando por esas mismas calles, cafés de una atmósfera que recuerda vagamente la París de los artistas.
Luciendo un vestido "dominó" hecho a mano por pintores de Milán, más que por costureros, me dispuse a tomar un magnífico espresso preparado en “La Ferrari” de las máquinas de café hechas a mano: La Marzocco.
Garantiza el mejor espresso del mundo, con café exportado de Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú…
Según marcan los cánones europeos, deberá tomarse en la barra en uno o dos tragos, muy rápido, y de inmediato debes marcharte.
También puedes acompañarlo con uno de los tentadores e infinitos pastelillos.
Y, quién no se emociona con un recuerdo?:
Los nervetti (plato frío, a base de cabeza de ternera y partes cartilaginosas de médula, cocidas y cortadas en tiras muy finas, servido con aceite de oliva, perejil y cebolla en julianas).
El tradicional y sabroso escalope de ternera a la milanesa (que incluye el hueso, muy apetitoso y crujiente).
Y el vitello tonnato (ligera y sabrosa loncha de ternera en salsa de atún, mayonesa, anchoas y alcaparras).
Todo acompañado de un excelente vino Barbera dell'Oltrepò Pavese, incluyendo una buena rebanada de panettone (bollo hecho con masa tipo brioche, pasas y frutas confitadas) que sólo se come en Navidad y Año Nuevo, más rico aún si se toma acompañado de la tradicional crema de mascarpone (queso muy dulce y suave).
Basta. No quiero pecar de exceso de vanidad.
Aunque, de todas maneras, el exceso puede perdonárseme.

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