martes, 11 de octubre de 2016






Negroni - Café y hueles Milán

Sólo para puristas del Café en las tardes-noches de Milán.

Viene el olor de Milán al corazón.

A las puertas, hacia la aurora levantada, entre las casas de ribera, la “bohemia de lujo”.

Y, volteando por esas mismas calles, cafés de una atmósfera que recuerda vagamente la París de los artistas.

Luciendo un vestido "dominó" hecho a mano por pintores de Milán, más que por costureros, me dispuse a tomar un magnífico espresso preparado en “La Ferrari” de las máquinas de café hechas a mano: La Marzocco.

Garantiza el mejor espresso del mundo, con café exportado de Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú…

Según marcan los cánones europeos, deberá tomarse en la barra en uno o dos tragos, muy rápido, y de inmediato debes marcharte.

También puedes acompañarlo con uno de los tentadores e infinitos pastelillos.

Y, quién no se emociona con un recuerdo?:

Más lejos, 
más lejos 
siempre.
Más alto 
más allá.

La tarde comenzaba a teñirse de gris.

Entre el best-seller de “La Última Cena”, la cocina de los mil y un restaurantes se divide entre “platos pobres” y la tradicional cocina meneghina (algo más que pasta y pizza).

Los nervetti (plato frío, a base de cabeza de ternera y partes cartilaginosas de médula, cocidas y cortadas en tiras muy finas, servido con aceite de oliva, perejil y cebolla en julianas).

El tradicional y sabroso escalope de ternera a la milanesa (que incluye el hueso, muy apetitoso y crujiente).

Y el vitello tonnato (ligera y sabrosa loncha de ternera en salsa de atún, mayonesa, anchoas y alcaparras).

Todo acompañado de un excelente vino Barbera dell'Oltrepò Pavese, incluyendo una buena rebanada de panettone (bollo hecho con masa tipo brioche, pasas y frutas confitadas) que sólo se come en Navidad y Año Nuevo, más rico aún si se toma acompañado de la tradicional crema de mascarpone (queso muy dulce y suave).

Basta. No quiero pecar de exceso de vanidad.
Aunque, de todas maneras, el exceso puede perdonárseme.



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