sábado, 15 de octubre de 2016






La Casa 3


De qué sirve una casa sino se cuenta con un planeta tolerable donde situarla.
Henry David Thoreau


En todo momento, como una nada, se abre una puerta, se traspasa un umbral, se sube un escalón. Hasta este momento, las señales, habían sido no menos extrañas, al sueño de ellas. No logro comprender ni sentir aún, que fuese aquello el espíritu verdadero de las señales. Su misterio permanece intacto como las profecías divinas que atraen mi atención.

Rojiza por la luz de la tarde, diáfana en sus fachadas con más paredes en ladrillos recocidos por el fuego  que ventanas de diferentes medidas y diseños que van saliendo de acuerdo a lo que ocurriría en el interior de la casa. Habitada por un espíritu no menos de abandono que el vigor de los cipreses, eucaliptus, chicalás, robles en su jardín que se desgarran en sus fuertes ramajes y, no menos insistente en darme a conocer su pasado en cuyas cicatrices debía estar constreñida su alma. 

Es tal lo que percibo, heridas, abandono, en el que mi espíritu no registra cohesión alguna entre la realidad y las frívolas señales, pero la casa permanece poseída por un sentimiento poético que mezcla el entorno de un modo misterioso, a lo que pareciera ser, nos acoge bajo la indiferencia del ojo de Di-s.

Una vez más, su adquisición se me hace de una fe vidente. Y escuchando tantas vanas infamias en la espera de hacer realidad la adquisición, no creo más que en lo que significa para mí su belleza secreta, culta y popular de La Casa 3, interpretada con mucha libertad, por la memoria y diseño de tratados de construcción europeos, claro está, sin los derroches estilísticos de sus palacios, pero que poco a poco, fueron transformándose con técnicas indígenas en una labor constructiva, realizada por toderos.

Por eso mi instinto vuelve con tanta frecuencia la mirada hacia la nobleza despojada de la vieja casa de conservación arquitectónica, construida de gruesa cimentación y delgados muros llenos de la influencia inglesa y francesa como una obra de cincel expresada en cada línea dibujada a mano, en un infinito de poesía.


De repente, La Casa 3 está llena de sombra, bajo el vano arqueado. El corazón golpea los muros con el choque ciego del destino. Las habitaciones están desiertas, 

¿Seguirá estando allí, por siempre, en el momento en que pierda la esperanza de poder sanar sus heridas? Antes del anochecer estará ya abierta y vacía. 

El pasado se vuelve presente: 

Han pasado los años. Quien la ocupe y respire en ella, deberá sentir el sabor de sus lágrimas y mis lágrimas sobre sus infinitas capas de pinturas y crepúsculos de sueños fallidos e intervenciones, y el suplicio sobre el sol oblicuo que hiere las flores de su jardín.



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