Hoy cumpleaños de mi hija
Un velo cubre la montaña, la mañana es suave, olvidadiza, azul
celeste, rosada, y el cielo restante todo igual de perla. Mientras los pájaros alegres
repiten el coro de la mañana, bajo el pálido rayo de sol, sentada sobre la roca, aparece
toda lánguida mi hija María de la Mar Dulce ¿Con qué soñará? Quizá orientada hacia ese Oriente: con la virtud suprema del espíritu, nuevas
tierras, nuevos mares, nuevos cielos...
¿Su destino? Asomada a la vida en la plenitud de la primavera, extasiada de fe,
está allí, pues, la niña que conserva el ruido de su mar Caribe, de mi mar, con
las manos llenas de semillas, confiando en la virtud del suelo regado por la
fuerza de los ideales transmitidos por nuestros antepasados para los descendientes
futuros, creyendo en el poder infinito de las cosas bellas, en la dignidad del
espíritu, en la necesidad de los privilegios intelectuales, en todos los altos
valores que hoy son despreciados. Y por sobre todas las cosas, creyendo en la
imagen paterna del Di-s Supremo que la contempla desde sus rezos; sólo así, se
lanzará con entusiasmo y pasión por el arte al servicio de los más necesitados, en su nueva Empresa.
En esta montaña, ahora tan triste, a la sombra de los
arrayanes, deseo para mi hija, que su belleza honre una tradición de amor y que sea ese espíritu de luz y de llama, una vida pura, de conocimiento y de acción, libre y recta que no vencerá el tiempo, ni se alejará del Cielo.
¡Qué así sea! 01/10/2016

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