En ciertas horas gélidas
el bosque se estremece y tiembla entonando una melodía sin inspiración. Innumerables
pinos apagados por el rocío, chocan uno contra otro produciendo un rumor de
tímpanos sordos, imitando estallidos de disparos, llantos, voces fuertes y
débiles que repercuten de cima en cima. Canto árido, presagio siniestro, coro
lúgubre de plañideras entonado en las cordilleras andinas, que acompañará el
posconflicto glorificado en la soledad de las soledades, ultraje atroz, muertes infecundas de soldados jamás superados
en grandeza entre cielo y mar.

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