Esta imagen de mi pequeña hija, me trae el recuerdo, desde la isla de mi pasión,
la voz callada y olvidada de los hombres de razas curtidas, valientes y remotos que respiran el orgullo de un pueblo oprimido y beben a grandes sorbos el
viento de la mar. Y más allá del corazón desnudo y el espejismo de la infancia,
el drama del mundo es deshonesto, el tufo de la corrupción corta el aliento,
difundiendo su pestilencia.
¡Llamas negras! es preciso que seas impenetrable, y no habrá una nueva esclavitud que abolir, ni una nueva barbarie que rechazar en esa inacabada
guerra de razas.

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