En la vetusta Catedral
de rasgos florentinos y remembranzas andaluzas de la amurallada Ciudad de la mar Caribe, vi un día en sus
paredes, en un mural profusamente decorado y desgastado, todas las VIRTUDES, excepto
una: EL PUDOR
¿Quién considera hoy el pudor? Algunas mujeres lo saben y no
lo consideran, y sonríen en silencio. El otro
día un hombre quería abrazarme y besarme; y como yo me defendía, cayó de
rodillas. Entonces me arrodillé ante él; y así permanecimos un tiempo, cara a
cara. Yo no era menos que él. Pero nunca me he considerado superior ni inferior
al hombre, tampoco igual. Y por eso no quise levantarme sino después de
él. No les ofrezco mi cuerpo que es mío y
oculto como un objeto de contrabando.
Les ofrendo mi amor, otro don del alma.
Para
redimirlo uno solo basta!

No hay comentarios:
Publicar un comentario