La montaña de mis silencios
Huyo de las sirenas; aunque el aire de la montaña tiene sus
sirenas. Desaparezco sobre mi propia desaparecida vida. Ahí está los Andes. Saboreo tan encumbrada
belleza, no con mis ojos, sino con mi espíritu. Se amontona a derecha y a
izquierda los lomos de las cordilleras. Casi me parece divisar a lo lejos los
cursos de agua, los valles, los grupos de casas, las callejuelas, el
camposanto, la iglesia, el campanil, las familias de árboles, los rebaños
esparcidos, las jaurías de perros. ¡Cuánta vida!
Declina el sol. Por todas partes cae la inútil niebla.

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