Midiendo
la monotonía
La lluvia ha cesado. Los árboles están inmóviles,
es tanto el gris que el verdor del jardín está oscurecido. Frente al hierro de la reja entra el
ruido confuso de las sirenas. Adivino el cargamento de heridos y enfermos como marcha
fúnebre que pasa dejando una estela de muerte musical.
Cada día es un aumento de
tristeza silenciosa:
¡Dame un medicamento que me aturda, que me embote, que me
aniquile!
Me levanto. Dejo atrás en la almohada los pensamientos, el tedio, la tristeza, la impaciencia, el disgusto, el
desaliento, la espera…
Y ¿por
qué me habré despertado?

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