jueves, 17 de marzo de 2016


Midiendo la monotonía

La lluvia ha cesado. Los árboles están inmóviles, es tanto el gris que el verdor del jardín está oscurecido.  Frente al hierro de la reja entra el ruido confuso de las sirenas. Adivino el cargamento de heridos y enfermos como marcha fúnebre que pasa dejando una estela de muerte musical. 

Cada día es un aumento de tristeza silenciosa: 

¡Dame un medicamento que me aturda, que me embote, que me aniquile!

Me levanto. Dejo atrás en la almohada los pensamientos, el tedio, la tristeza, la impaciencia, el disgusto, el desaliento, la espera…


Y ¿por qué me habré despertado?

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