20 de agosto
Hoy se alegra mi corazón más que nunca. Lo que fue expresado,
lo que fue pedido en los años de oprobio, es hoy disfrutado en el ímpetu de la
victoria. Ya no son pueriles ilusiones, sino una realidad viva sobre los
hechos, sobre la espera, sobre los restos de tristeza. Ella, mi hija Gaviota, una vez
más, nos ofrece la alegría de poder encender una vela de su cumpleaños, al lado
nuestro.
¡Y nosotros la agasajamos en un abrazo de eterno amor!

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