¿Estoy abatida o quebrada?
¡Qué importa! si el cincel me talla todavía.
¿Podrán los creadores de belleza despedazar las
formas antiguas e inacabadas para crear
un ser entero, libre; una nueva vida que se estremezca y pueda alcanzar esa
lejana estrella?
Mírala, está siempre en lo más alto del cielo mi estrella. Jamás
se oculta. Está tan alta que no la reflejan solamente las aguas del Caribe; la reflejan
los más lejanos mares y los más profundos océanos irradian su luz. Mi estrella
está dentro de mi corazón, está cercana en la aurora dorada, y remota en el
oleaje de la mar.
Ni un golpe ni cien golpes del cincel cortante
podrán añadir algo a esta perfección del dolor sagrado y de la ilusión. Es la
imagen de la desconocida, de la olvidada, de la desterrada, de la clausurada
que vive muriendo y resucitando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario