sábado, 27 de agosto de 2016



¿Estoy abatida o quebrada? 

¡Qué importa! si el cincel me talla todavía.

¿Podrán los creadores de belleza despedazar las formas antiguas  e inacabadas para crear un ser entero, libre; una nueva vida que se estremezca y pueda alcanzar esa lejana estrella? 

Mírala, está siempre en lo más alto del cielo mi estrella. Jamás se oculta. Está tan alta que no la reflejan solamente las aguas del Caribe; la reflejan los más lejanos mares y los más profundos océanos irradian su luz. Mi estrella está dentro de mi corazón, está cercana en la aurora dorada, y remota en el oleaje de la mar.

Ni un golpe ni cien golpes del cincel cortante podrán añadir algo a esta perfección del dolor sagrado y de la ilusión. Es la imagen de la desconocida, de la olvidada, de la desterrada, de la clausurada que vive muriendo y resucitando. 

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