viernes, 19 de agosto de 2016




Cadencia y memoria en otro lugar 

Es medianoche en la playa feliz de un verano nocturnoLa luna nos hace señas.Y como en un hechizo estrellado, reflejos innumerables llegan hasta la estela de la mar Caribe. Allí se quiebran.

Ni una luz, ni un ruido, ni un ser humano. Solo un alma: la desterrada que sabe que no irá de esta patria dolorosa a la Ciudad Vieja, a la ciudad ceñida de torrecillas y cúpulas, poblada de cipreses y olivos. Único lugar del mundo donde permanece encendida la luz. Desterrada, no volverás de la noche fugaz, aún, henchida de Di-s, bruñida por la perseverancia del rezo. 

Diviso la mar, el velamen, las palmeras, el faro, un montón de casuchas escondidas al otro lado de las playetas. Mis ídolos náuticos, el de mi origen natal que me hospeda y el de mi destino en la tierra de nuestro penar común. El viento trae las viejas canciones de los pescadores, de los marineros...

Han pasado veinte minutos de medianoche.

Un sentimiento armonioso, tímidamente me sobrevuela y siento todo mi ser en paz y esta misteriosa felicidad. En esta suave playa de arena blanca, guardo para ti un presente marino, un gesto sin ningún valor de alguien que ha llorado todas sus lágrimas. ¿Es de piedras preciosas? es más que de piedras preciosas. ¿Es de oro? Es más que de oro. Alguien dijo: "La pobreza hace siempre los más ricos presentes." Son dos luces encendidas, serenas y apacibles, del otro lado del Océano. Fundidas en una sola alma silenciosa, erguidas frente a un futuro más grande que el pasado, ebrias de belleza e infortunio, cantaron sus cantos antes del alba. En el día del descanso, rompieron la oscuridad del tenebroso mundo. 



Clair de Lune

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