Domingo
Hundida en el ensueño, respirando hacia el frío día,
escuchaba al otro lado de la ventana, en el jardín, una voz extranjera cantar:
“¡Nadie duerma! ¡Nadie duerma!
Ni siquiera tú. Oh, princesa…
En tu fría habitación…
Mira las estrellas que tiemblan
de amor y de esperanza
Más, mi misterio está encerrado
mi nombre nadie lo sabrá…
¡No! ¡No!
Sobre tu boca lo diré temblando
Cuando la luz resplandezca
Y mi beso romperá el silencio
Que te hace mía…
Y nosotros, ay, debemos por desgracia
¡morir! ¡morir!
¡Disípate, oh noche!
¡Tramontad estrellas! ¡Tramontad estrellas!
¡Al alba venceré! ¡Venceré! ¡Venceré!” ♫ ♪... / https://www.youtube.com/watch?v=27pnQNzUlz8
“La mujer es voluble
como pluma en el viento,
Cambia de palabra y de pensamiento.
Un rostro bello y agradable
ría o llore, es siempre engañoso.
Siempre es desdichado quien se fía de ella
y le entrega, incauto, su corazón.
Pero nadie se siente feliz del todo,
si de su seno no bebe el amor…”♫ ♪... / https://www.youtube.com/watch?v=FkRwXLQEne0
Las vecinas se asoman a
las ventanas, otros van y vienen, vuelven a entrar, espían a través de las
rejas, salen a la calle. Hay una gran alboroto, entre las rejas y los arbustos.
Algunas se agrupan en torno a él, y lo miran y quisieran tocarlo y besarle. Él, sentado en el borde del andén, con una sonrisa de niño, como la de
la fresca infancia, ilumina de gozo a todas ellas que parecen recibir un
dulce rocío. Y el jardín parece llenarse de un arrullo de palomas jubilosas.
_¡Quédate con nosotras!
¡No te vayas!_ Le ruegan, le suplican, le tienden las manos… le ofrecen monedas. De pronto, se oye un estrépito y fuertes gritos. Los porteros, la policía, acuden a amedrentarlo. Llegan como dementes, violentando al hombre vagabundo.
Vienen a capturar al
hombre de la calle a quien creí reconocer en él… al famoso tenor, a la mayor
leyenda del bel canto del siglo XX, allá en la Piazza Grande, cuando efectuaba la travesía de Módena…, Roma hasta
la Sicilia. Es como si estuviera aquí entre el terror de los policías,
impávido, dispuesto a la pelea. Todas lo rodean, insultan a los policías… éstos,
apartan al gentío de mujeres, reprendiendo al vagabundo.
Mientras el señor de la
calle, es apresado por las muñecas y se lo llevan a golpes de bolillos, todas desaparecen
por los pórticos. El ultraje y la violencia disipan el color de la vida y todo
canto de voz; él, ciego de dolor y de furia, es arrastrado y se lo llevan.
La calle queda desierta
y silenciosa. Me acuesto, envuelta en un coro de ángeles que bajan del cielo taciturno,
y se despiertan los anturios.
Sobre los sucios muros blancos, se abren las ventanitas de la celda; y, sobreviviendo, entre sus patios, entre drogas, miseria y violencia, libertando al prisionero, resurge el canto incitador.
Sobre los sucios muros blancos, se abren las ventanitas de la celda; y, sobreviviendo, entre sus patios, entre drogas, miseria y violencia, libertando al prisionero, resurge el canto incitador.

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