jueves, 4 de agosto de 2016






Mundo “entrerejas” 

Yo fui tu voz. Yo soy tu voz.

Los veo cruzar la calle deprisa, frente a las rejas, y asomar ese deseo que corre —esa imaginación de constelaciones que supera la noche y forcejea con el alba, antes de ceder.

Y, sin saberlo, es su imaginación la que se posa sobre estas casas bien cimentadas, fuertes y nerviosas, iluminadas y esculpidas; hijas del saqueo, un don arrancado al cielo.

¿Crees que puedo huir?

Aunque huyese, la casa sabría retenerme, aferrarme, estrujarme entre sus brazos.
El destino me hizo su reina hasta el final de los días.

Antes de que me lo digas, lo sé: toda la casa no vale lo que el alma.

Tienes que defender tu alma verdadera, desnuda, como cuando emergiste de tus mares.

Y hay quienes gritan:
Tiene que defender su alma verdadera.

—¡Que busquen ese Salmo!

Pero dime:
¿acaso no has saqueado más que para darles?


No queda más que morir emparedados en la mentira estéril, esa que se refugia aquí, donde aún reposa—
su alma de oro,
de plata,
y de amor.


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