Conversación en aquellas horas de septiembre
De todas las palabras dulces, lentas y tranquilas
que tocaban el cielo, se transformaba un corazón duro en un paraíso florido
donde el amor tejía su nido, formándose de un alma sublime. Sentí la mía
disolverse en ella sin resistencia. Eran las palabras sensibles de él, como sus
manos que se tendían, como esas manos que suplicaban sin suplicar. La fuerza
vivía en aquel aire palpitante de rostro esculpido y mirada desgastada, que se hacía viva para mi
visión, reflejada por las velas que se consumían sin lágrimas.
Si sus palabras las olvidé ya ¿qué importa? Dirá
otras, más bellas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario