miércoles, 21 de septiembre de 2016





Conversación en aquellas horas de septiembre

De todas las palabras dulces, lentas y tranquilas que tocaban el cielo, se transformaba un corazón duro en un paraíso florido donde el amor tejía su nido, formándose de un alma sublime. Sentí la mía disolverse en ella sin resistencia. Eran las palabras sensibles de él, como sus manos que se tendían, como esas manos que suplicaban sin suplicar. La fuerza vivía en aquel aire palpitante de rostro esculpido y  mirada desgastada, que se hacía viva para mi visión, reflejada por las velas que se consumían sin lágrimas.


Si sus palabras las olvidé ya ¿qué importa? Dirá otras, más bellas. 


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