Estoy
aquí, dispuesta, de cara a una mañana de tumultos, tratando de crear una
voluntad exitosa. Por eso, más que escribirlo, he grabado en mi mente lo que
debo hacer, y, sin entregarme a una inspiración divina, ni mucho menos seré
yo, yo no, sino, el amor que me posee, el
ideal al que sirvo, el espíritu que me guía a plena luz.
Luchamos, sufrimos, sudamos, nos fatigamos,
sangramos, pero el dolor nos hace creativos, pacientes, apasionados. El amor lo
siente por entero, pero no lo conoce por entero. Es el dolor, el único rostro
que resplandece.
¡Aquí no tiene sitio la felicidad!

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