lunes, 12 de septiembre de 2016




Sombra del crepúsculo

Purificada, desnuda como una hetaira asomada en la ventana, dispuesta a dejarse estrujar por un destino violento hasta el colmo  de la vida y más allá: un picapedrero colosal que le arroja el martillo, furioso, para que se levante.

La derriba constantemente, la destroza y vuelve a ponerse en pie. La sondea, la quema por dentro, la esteriliza y ella vuelve a quedar embarazada de un mundo de fantasías. Está partida en trozos.

Venciendo a la muerte, ha permanecido en el quebranto silencioso que parece hacer de ella, una masa más compacta que el mismo mármol en que fue esculpida. En torno, todo es silencio. Hasta que un hábil escultor la esculpe de nuevo, haciendo de ella una estatua de figura armoniosa, creándole un rostro tan firme que parece esculpido de voluntad conforme al más puro mármol. 

Tiene entre ceja y ceja el enigma de sus arrugas verticales. Nadie ve si ríe o llora. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario