Tendida boca arriba
frente al muro blanco
A veces en las noches de mi inmóvil agonía, al borde
de mi lecho, me parece escuchar en mis sueños subterráneos a alguno de mis
muertos que agitado murmura tratándome de guiar con mano firme y suave a
través de la muerte. Atravieso el muro. Y lloro sintiéndome tan mal, cuando
ese dolor me atormenta el estómago y me lastima la cadera, haciéndome crujir
los huesos, como si intentara mezclarse conmigo y con la tierra. Hay un cielo
bajo nuestros pies, como hay uno sobre nuestra cabeza. Pero los muertos no lloran. Quizá trasoñaba.

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