Llueve por dentro
Llueve por dentro,
y no hace falta paraguas ni consuelo.
Es un aguacero que se queda,
una cadencia de lluvia que golpea los techos y perfuma el aire,
como si el alma misma respirara agua.
Cada gota cae con nombre propio,
trae memorias, promesas, esperas,
una ternura antigua que no se borra.
Y cuando parece que todo se desborda,
el corazón —ese faro cansado—
enciende su luz sobre el charco más hondo
y nos recuerda, que hasta las tormentas pasan.
Escrito una tarde de lluvia interior,
cuando el Caribe olía a tierra recién mojada.
— Cartagena del Mar, noviembre de 2025
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