Manifiesto Salado del Caribe
Un llamado contra la perfección hueca y a favor de la vida verdadera
Hay visiones que duelen porque nos revelan lo que el mundo intenta esconder.
Esta nace desde el Caribe, desde una voz con sal en la vida y huracanes en la memoria, para recordar que no todo lo brillante es vida, y no toda perfección es humana.
La burbuja perfecta que no respira
Allá lejos —donde el mar se confunde con el cielo— levantaron una esfera blanca y deslumbrante.
Una burbuja tan perfecta que parece un sol domesticado, construido por manos que ya no saben ensuciarse de tierra.Dentro de esa esfera:
Pasillos que te llevan sin caminar
Luces que jamás duermen
Plantas tropicales acristaladas como reliquias
Y sonrisas impecables, diseñadas para mostrar, no para vivir
Cuerpos lisos, almas planas, rostros idénticos.
Barbies y Kens del futuro, entrenando en gimnasios sin viento, moviéndose en naves que vuelan dentro de un cielo falso.
Robots trabajando sin descanso, y miles más esperando a ser encendidos cuando el chip se apague.Un mundo limpio en apariencia, pero vacío de humanidad.
El afuera: la verdad que duele
Porque afuera —oh dolor que arde como sal en herida— está el mundo real:
Hambre que retumba en los huesos
Aire espeso que corta
Mares oscuros que ya no respiran
Fábricas que botan cuerpos como desechos
Y una fila interminable que aguarda detrás de una puerta estrecha que ya no abre
Esa escena hiere.
Esa escena es la que muchos no quieren ver.
Pero desde el Caribe, el mar lo dice claro:
Y aun así, el mar habla.
El mar dice que la belleza también es fuerza,
que no hay calma sin tormenta,
ni limpieza sin oleaje.
Lo que elegimos
Aquí, donde la vida se siente en cada ola,
donde el viento no sabe fingir,
decimos lo nuestro:
Elijo el mar que salpica sin pedir permiso
Elijo las arrugas que cuentan historias
Elijo la risa que te deja sin aire
Elijo la planta que crece libre
Elijo el perro que busca cariño
Elijo la comida que sabe a memoria y hogar
Elijo la imperfección que respira,
y la verdad que no cabe en vitrinas.
Declaración desde la otra orilla
Desde esta costa que sabe de tempestades, declaro:
“…que se quiebre la burbuja falsa,
y que permanezcan —sin claudicar— las del mar:
esas que suben desde lo profundo con su verdad desnuda,
que revientan contra la orilla sin miedo,
dejando en la boca un golpe de sal
y viento
el recordatorio áspero de lo que no puede medirse.”Mientras exista una sola lágrima sincera…
Mientras quede una persona capaz de llorar por un mundo roto,
una persona capaz de sentir compasión
y de mirar de frente lo que otros esconden,
la humanidad no está perdida.El Caribe lo sabe.
El mar lo repite.
Y tú, lo recuerdas con tu voz.Que la vida real —la salada, la íntima, la verdadera— nunca se apague.
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