En una mañana tan ambigua, preñada de nubes densas o
de cielo despejado, una vez más la fantasía y la realidad se confunden en mí, tan
secretamente, por lo que recibo esa especie de sensación dulcísima de la vida. Y con todo el juego de pensamientos, es allí, levantando pesos perezosos que
vuelven a caerme encima, donde se plasma
la sensualidad plástica entre los recuerdos y mis olvidos. Algo que no domino. Sin
embargo, no he temido nunca, ni temo, mirar en lo más profundo de mí, para descubrir, como de la turbulencia
carnal, pueden liberarse auras divinas del espíritu.

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