domingo, 17 de abril de 2016



En una mañana tan ambigua, preñada de nubes densas o de cielo despejado, una vez más la fantasía y la realidad se confunden en mí, tan secretamente, por lo que recibo esa especie de sensación dulcísima de la vida. Y con todo el juego de pensamientos, es allí, levantando pesos perezosos que vuelven a caerme encima,  donde se plasma la sensualidad plástica entre los recuerdos y mis olvidos. Algo que no domino. Sin embargo, no he temido nunca, ni temo, mirar en lo más profundo de mí, para descubrir, como de la turbulencia carnal, pueden liberarse auras divinas del espíritu.

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