Todo es irreal
Desde casi los veinte años me nutro de los paisajes, del
detalle imperceptible, del lirismo poético, de la vida cotidiana, de la muda
noche, de la amistad alejada que no envejece, de la canción popular nacida de
la esencia del mundo y, de mis hijos, fieles míos.
Todo ello acomodado a la nada.
Acomodarse a la nada con todo ello, es posible; imposible es
reunirse con ellos. Sólo la memoria hace de sus imágenes una vida fuerte y más dulce
que la vida presente.
Mientras la vejez inevitable, la sensación de la vida
consumida, mis días grises por el frío, corren desnudos sobre el rostro, las
manos y los pies morados de frío, bebiendo la sombra de la montaña y haciendo
con ello un gris más oscuro. Ya no hay nada verde. Sin embargo, hay en mí no sé qué felicidad contra mi alma angustiada.
Todo ello condenado a vivir y a marchar.

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