viernes, 22 de abril de 2016



Pasos de animal pequeño

Me saco el sino del corazón y se lo doy con esta sola palabra: Quédate.

No de otro modo la gata se levanta, se estira y endereza los pelos de punta. Envilecida con exceso de mundo, promete una nueva imagen en un maullido: Es una gata callejera.

Mírala. Contempla a la desconocida desde la sombra de la habitación. Mírala ¿No está ella tallada de huesos? Los huesos ¿no son el vestido? 

La olvidada, la superviviente, la desterrada, la que vuela sobre los techos más allá de sus fuerzas felinas. Va y viene. Está siempre en lo más alto del tejado la Frida, nuestra Frida. Está tan alta. Está cercana y remota.


Pero ahora, cambiaré de tema.
  

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