Mau
¿Y vino con una simple sacudida a espantar los ratones?
Silencio. Me inclino. Me vuelvo con gran sobresalto, como si
alguien me acariciara. Mi piel se hiela. Descubro el gesto felino como el de un
velero henchido de viento y, esa sustancia misteriosa que veo sobre sus ojos. Tal parece poder ver más allá de la muerte.
Luego sube por el costado de la escalinata y sube por mi propio estremecimiento.
Luego sube por el costado de la escalinata y sube por mi propio estremecimiento.
Su cabeza se inclina, se asoma por la ventana: “La
curiosidad mató al gato”
¿Para que vendrá? ¿Para otra partida? ¿Para posar para una
foto?
Dime, dime, dime...

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